9.- Hoy no tengo mucho que decir…

Hoy no tengo mucho que decir, sobre lo frío de la mañana mientras escribo estas líneas.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre el silencio y la calma que me invaden en este momento.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre la canción que estoy escuchando y cómo inyecta vida en este instante.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de ese pajarito que ya inició su canto (y que puedo imaginarme a alguien diciéndole: «Shh, ¡cállate!, aún es muy temprano»).

Hoy no tengo mucho que decir, sobre lo cálida que se siente la manta que me cubre en esta fría mañana, proporcionando un agradable calor.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de esta deliciosa taza de café, la cual perfuma el ambiente y me envuelve con su aroma.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre cómo descubro cosas nuevas a mi alrededor.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca del saludo cálido que alguien te da después de mucho tiempo sin verse, como si el tiempo no hubiera pasado.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre la emoción que me provoca caminar por la calle y descubrir hermosas cuadras llenas de cafés «casi secretos», esperando ser descubiertos por mí.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre cómo deseo pintar en este momento, sumergirme en una infinita paleta de colores y experimentar la expresión artística a través del pincel.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de ese «sonido del silencio» que parece ilógico, pero existe y lo «escucho» en este momento.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre esas conversaciones que se convierten en momentos inolvidables.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre ese álbum de fotos lleno de recuerdos que te transporta al pasado en fracciones de segundo.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca del olor cuando abres un libro antiguo y te envuelve en una variedad infinita de sensaciones.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre ese delicioso trozo de torta de chocolate que te llevas a la boca y sientes una explosión de sabor que recorre cada fibra de tu cuerpo.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de cómo me siento en este momento, si feliz o triste, si cansada o llena de energía.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre mis sueños y deseos postergados que resurgen de repente y cobran vida.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre los recuerdos de mi caminata hacia el colegio, recogiendo a mis amigas y caminando todas juntas hacia las clases.

Hoy no tengo mucho que decir, sobre aquellos disfraces de Halloween de niña que despertaban una serie de emociones y me convertían en otro personaje.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de ese abrazo que te dan justo cuando más lo necesitas y que te llena de vida.

Hoy no tengo mucho que decir, acerca de mí…

La Vane…y su café

8.- «Oportuna oportunidad»

Hoy recuerdo cuando tenía 15 años. Estaba en el colegio, y uno de los «juegos» de moda era llenar el «SLAM BOOK». Se podría decir que era una especie de «red social» (ante la ausencia de internet, Facebook, Instagram, etc.). Era un cuaderno que se pasaba entre amigos, y cada persona debía responder preguntas específicas, como su nombre, edad, gustos, disgustos, secretos, etc.

Era una especie de diario compartido para conocernos mejor y compartir información personal. Se utilizaba como una forma divertida de interactuar y conocer más sobre los demás. Como era de esperarse, juego de adolescentes, siempre estaba presente la clásica pregunta: ¿quién te gusta? O «hazme una pregunta» y «déjame un recuerdo», preguntas que se volvían «las más trascendentales» a esa edad.

Hoy quiero contarles sobre esta última pregunta: «déjame un recuerdo».

Un día de setiembre, fecha muy propicia para repartir este cuaderno, esta especie de red social de la época, entre mis amigos. La noche anterior, eligiendo el cuaderno, llenando hoja por hoja con una pregunta a modo de título, decorándolo y listo para hacerlo circular entre todos.

Era tan importante como enviar una invitación de amistad en las redes sociales, ya que este cuaderno podía hacer que llegara a compañeros de clases a los que quería conocer de otros años escolares (sobre todo a los del último año). En esta ocasión, no quiero contarles exactamente sobre mi experiencia con este cuaderno, la cual fue muy reveladora. Hoy me quiero centrar en un compañero de clase, solo recuerdo su nombre: Celso.

Celso llegó a nuestra clase ya teniendo el año muy avanzado. Era muy blanco, con cabello negro, alto y extremadamente tímido al nivel que no hablaba con nadie y siempre estaba solo. No participaba activamente en las clases. Yo, con mi inquieta juventud y con ánimos de siempre tener amigos, buscaba saludarlo como si lo conociese de siempre, el me sonreía. Como parte de mi red social (y la curiosidad de todos mis amigos), le entregué este famoso cuadernito lleno de preguntas. Era una curiosidad general tratar de conocer quién era este misterioso joven, del que solo se le podía robar una ligera sonrisa.

Confieso que no recuerdo sus respuestas. Recuerdo su letra (más grande de lo usual, para mí), la presión del lápiz quizás un poco más fuerte de lo que lo hacían los demás, ocupaba, en sus respuestas, mas espacio que los demás (2 renglones y no uno como todos), pero sí recuerdo, ante la pregunta «déjame un recuerdo», él escribió esto:

«Claro de luna, estás sobre mí,
lo malo pasa, lo bueno queda…
………………………………………………….
solo para encontrar
,su oportuna oportunidad.»

(Los puntos suspensivos indican que no recuerdo lo que iba en esa parte del verso).

No sé por qué este pequeño párrafo caló tanto en mí, al nivel que hoy, después de varias décadas, lo tengo muy presente. Independientemente de lo sencillo del párrafo, y hasta podría decirse que muestra redundancia en la última frase, siempre me quedó la duda de qué podía estar pasando por la mente de Celso en ese momento, qué situaciones estarían pasando por su callada personalidad y si quizás era una forma de querer decir algo sin decirlo.

Después de 20 años de haber terminado el colegio, me enteré de que Celso sufría de esquizofrenia. Sé que terminó internado, pero no conozco más detalles de su situación en este momento.

Independientemente de lo que podría estar pasando por los pensamientos de Celso, influenciado quizás por las voces, que para él eran verdaderas o alguna situación por la que él podría estar pasando, de alguna forma manifestaba lo que todos buscamos: encontrar esa «oportuna oportunidad», ya sea en un momento de caos (como al parecer lo sentía) o en un momento de análisis interno y calma, en el que queremos redefinir nuestro propósito y/o camino de vida.

También me hace reflexionar en que cada persona es un mundo, que todos tenemos nuestras propias voces internas y que estas se vuelven más intensas cuando nos sentimos en un remolino de situaciones y emociones, introspección o de análisis ante una situación o momento.

Tengan en cuenta que no soy psicóloga ni especialista en analizar la psique humana, sin embargo, creo que con el nivel de empatía y observación que he podido desarrollar con el tiempo, aunado a mi experiencia personal, puedo afirmar que cada persona tiene una hermosa historia y situaciones que las llevan a ser lo que son hoy: más calmadas, más intensas, más seguras, más temerosas, más vulnerables, y antes de emitir juicios, es importante entender el contexto en el que se encuentra y todo lo que lleva «en su mochila» que la hacen ser lo que es hoy en día.

¿Y la «oportuna oportunidad»? ¿Por qué causa tanta relevancia en este texto? Porque creo que de alguna manera, siempre estamos en la búsqueda de esa respuesta, ya sea en lo profesional, lo personal, situaciones fortuitas, o no, que generan un cambio radical en ti, que te llevan a la #PAUSA y te hacen pensar si realmente estás en camino a lo que realmente eres, tu esencia, o simplemente continúas con un modelo tradicional y tranquilo.


Quisiera poder darles la fórmula secreta para encontrar esa «oportuna oportunidad». Yo aún no la sé, la sigo buscando y espero encontrarla pronto.

Solo les puedo decir que hallarla puede ser más difícil de lo que se piensa, implica mucho cuestionamiento y análisis respecto a lo que haces y hacia dónde quieres llegar. Es aislarse de influencias externas y tratar de tomar el control de tu vida con tus gustos, tus deseos y sueños.

¿Es simple el proceso? Pues no, te quiebra y desarma, y el reto es cómo rearmas esas piezas de la forma correcta para encontrar tu propio «diseño» y camino.

¿Te vas a equivocar al «rearmarte»? Yo creo que sí, que es posible, hasta que encuentres tu propia forma y sentido. Parte de ese proceso es aceptar tus errores y aciertos, habilidades y debilidades, y, sobre todo, aceptar que debes hacer el cambio, por ti inicialmente y luego por los demás.

Conócete: ¿Quién eres realmente? ¿Eres feliz con lo que eres hoy? ¿Estás satisfecho/a con lo que has avanzado hasta hoy? ¿Estás dispuesto/a a dar el cambio? ¿Es momento de hacerlo?

Recuerda, todo se hace paso a paso.

Es difícil, sí, y créeme que lo sé, pero te animo a tomarte un café (o té, pensando en todos mis amigos) y hacerte estas preguntas. Las respuestas que encuentres te pueden sorprender más de lo que imaginas.

…frase que quedó marcada para siempre en mi memoria, y no le había encontrado sentido hasta hoy:

«Solo para encontrar, su oportuna oportunidad».

La Vane… y su café.

7.- La recuerdo…

«Frère Jacques, Frère Jacques,

Dormez-vous? Dormez-vous…«

Hay momentos que quedan grabados en nuestra memoria para siempre; recuerdos y personas que, sin saber cómo ni por qué, regresan de pronto a tu mente con recuerdos que tenías guardados en lo más profundo de ti. Vienen aromas, sensaciones y experiencias, y es como si de repente volvieras a vivirlo y sintieras ese espacio especial y reconfortante que te llena de emociones y felicidad.

Hoy quiero hablarles de mi «Chinita». En realidad, es mi abuelita, la mamá de mi mami. Ella sigue viviendo por siempre en mi corazón, y pienso en ella mucho más de lo que todos creen. Nunca llegué a entender por qué le decía así, nunca le llamé «abuelita», siempre fue simplemente «mi Chinita».

Les confieso que tengo bloqueada en mi mente la hora, el día, el mes y el año en que ella partió. No lo hago por indiferencia o desinterés, sino porque es la forma que tengo de sentir que esa persona, que significó mucho en mi vida, siempre estará a mi lado. Mi Chinita sigue a mi lado, y la siento con cada recuerdo y costumbre que me regaló.

Tengo miles de momentos con ella; tuve una infancia muy privilegiada, ya que tuve a mis cuatro abuelos e incluso bisabuelos (siempre me sentí muy afortunada por eso). De todos ellos les hablaré en otro momento, pero esta vez quiero centrarme en «mi Chinita».

La recuerdo diciéndome «gatita», quizás porque mis ojos le recordaban a un gato, o también me decía: «ojo de uva». Me gustaba que me llamara de ambas formas, y aún recuerdo el tono de su voz al hacerlo.

La recuerdo en su ritual matutino, que tengo muy grabado en mi mente. Se despertaba temprano, quizás a las 6 a.m. o incluso antes. Sacaba a pasear a sus perros (no recuerdo si iban con correa o caminaban solos; es la primera vez que intento recordarlo, pero no me viene a la memoria). Yo tendría unos 6 o 7 años, quizás menos, y a menudo me despertaba para acompañarla. Sentir el aire frío en mi rostro a esa hora, casi solas en la calle, caminábamos una o dos cuadras.

La recuerdo cuando cruzábamos por una casa que tenía muchos jazmines y cómo me enseñaba a apreciar su aroma (era magia pura). Llegábamos a una casona que para mí parecía sacada de un cuento de hadas, donde veía todos sus rosales en plena floración, de muchos colores, todos perfectos, al igual que esa casa de cuento de hadas. A menudo, un gatito negro parecía saludarla diariamente, como si estuviera esperando su caricia matutina.

La recuerdo silbando a los pajaritos, disfrutando de su canto.

La recuerdo cuando regresábamos a casa; ella tomaba la manguera de agua y regaba su hermoso jardín lleno de árboles frutales y flores. Les hablaba a sus plantas y les cantaba. Yo la miraba desde la ventana del dormitorio y disfrutaba de ese momento. Aún siento el aire frío en mi cara, el sonido del agua cayendo de la manguera y tocando el jardín, el aroma a pasto recién regado, tan especial. La veo cantando y hasta bailando sola al ritmo de sus boleros. Ella también bailaba, pero siempre en la intimidad de su hogar.

La recuerdo con el cabello mojado después de salir de la ducha, sentada en su tocador marrón y desgastado, con un gran espejo. Tenía un frasco de agua mineral «San Mateo» (en esa época era exclusiva, hoy en día es una botella de agua común) con pétalos de rosas rojas, los cuales remojaba en esa agua y se los aplicaba en el rostro. Recuerdo el aroma de la crema «Nivea» en su gigantesca lata azul que se aplicaba todos los días, para mí era una poción mágica de belleza.

La recuerdo en la cocina, preparando grandes almuerzos de domingo para la familia. Eran esos momentos en los que veía la mesa llena de gente, como siempre soñé que fuera. Sus platos servidos parecían tener comida para toda una semana, pero de alguna manera siempre me las arreglaba para terminarlos.

La recuerdo cantándome una canción en francés:

«Frère Jacques, Frère Jacques,

Dormez-vous? Dormez-vous?

Sonnez les matines! Sonnez les matines!

Din, dan, don. Din, dan, don.»

La recuerdo llorando a escondidas, no sé por qué, o tal vez sí lo sabía, pero nunca me atreví a preguntar. Quizás porque en mi mente, las «abuelitas siempre son felices», un concepto que proviene de todos los estímulos que nos rodean.

La recuerdo riendo, caminando, cosiendo, en el teatro, en el cine, en los muchos paseos que hacíamos juntas.

La recuerdo cuando comíamos a escondidas una lata entera de duraznos en conserva, encerradas en su dormitorio para no invitarle a nadie.

La recuerdo en nuestra última conversación. Para darle tranquilidad, le canté esa canción en francés, con la esperanza de transmitirle la alegría y la paz que me daba cada vez que ella me la cantaba.

Hoy…

La recuerdo con cada aroma a jazmines.

La recuerdo con cada canto de los pájaros.

La recuerdo con cada olor a jardín recién regado.

La recuerdo con cada bolero.

La recuerdo, siempre la recuerdo.

«Sonnez les matines! Sonnez les matines!

Din, dan, don. Din, dan, don…»

Doy un sorbo a mi café ya frío; es la señal de que es hora de terminar este relato…

La Vane… y su café.

vanessa@lavaneysucafe.com

@lavaneysucafe

5.- «A mi ritmo, a mi estilo»

Hace poco inicié una dinámica que consiste en conocer a artistas locales, tomar talleres con ellos y experimentar una cocreación, guiada por ellos mismos, a la que luego le añado un «toque» de mi estilo.

¿Cuál es el propósito de esto? Para mí, se trata de descubrir las diversas motivaciones que llevan a una persona que, inicialmente no se consideraba un «artista» de manera formal, pero el destino la lleva hacia esta dirección.

Lo más interesante es cómo logra encontrarse a sí mismo y, lo que es aún más fascinante, cómo encuentra su estilo y descubre ese «punto» de inspiración que lo cura y le permite continuar.

Algo que he aprendido y sigo aprendiendo, sobre todo en estos talleres, es que para comprender el arte, es necesario situarse en el momento en que se creó esa obra, entender las motivaciones, ya sean positivas o negativas, que llevaron a ese artista a plasmarla en su obra.

Estas motivaciones pueden ser diversas: dolor, felicidad, autodescubrimiento o reencuentro. La salud, el entorno, el contexto, y otros factores también influyen. Sin embargo, conocer un poco más acerca de la procedencia y el contexto en ese momento es lo que nos permite apreciar y valorar realmente el arte.

En estos talleres, debo confesar que inicialmente sentía que no estaba en sintonía, ya que lo habitual es que el artista desee que la cocreación refleje en gran medida su visión y diseño y no necesariamente mi estilo (me encontré en varios momentos en que el artista quería influir en mi diseño y yo no se lo permitía – era muy divertido-), lo que nos traía una «pizca» de frustración a ambos.

Para mí, en cambio, se trata más de encontrar un concepto detrás de lo que pinto o dibujo, y darle una historia, más allá de simplemente crear algo «bonito», cosa que en un momento nos causaba un ligero conflicto entre el artista y yo.

Sin embargo, una vez que explicaba el significado del concepto a través del trabajo final, parecía como si automáticamente el diseño cobrara vida y fuera percibido de una manera diferente: con una personalidad propia, un estilo único y realizado a mi propio ritmo. Fue en ese momento que recibía comentarios positivos sobre mi creación.

Todo esto me llevó a reflexionar sobre cómo este descubrimiento en el arte puede aplicarse a nuestra vida cotidiana.

¿Qué ocurre en nuestro día a día?

A menudo, estamos tan inmersos en la rutina que rara vez nos tomamos el tiempo para hacer una pausa, respirar y reflexionar sobre cuál es nuestro estilo y ritmo para llevar a cabo las cosas.

Puede que nos encontremos con oportunidades de mejora, y está bien identificarlas y superarlas. Sin embargo, también es importante reconocer que hay situaciones en las que debemos avanzar a nuestro propio ritmo y estilo, sin presiones externas. Hay procesos que necesitan tiempo para asimilarse y aceptarse.

El presente nos empuja a querer correr, lo cual está bien si estamos preparados para ello. Pero también tenemos el derecho de pausar, respirar, evaluar y decidir los siguientes pasos. Lo importante es que encuentres calma en lo que decidas y sientas que los próximos pasos son los que necesitas, incluso si eso implica caer, llenarte de raspones y tener que levantarte nuevamente, adolorido, para continuar. Pero solo debes hacerlo cuando consideres que es el momento y estés listo.

Recuerda, haz una pausa, respira, analiza y continúa, siempre a tu propio ritmo, a tu estilo personal. Evalúa tus siguientes pasos y continúa.

La vane…y su café

Te invito a leer #PAUSA

Busca tu luz, sal de la zona oscura y suelta

6.- #Pausa

#PAUSA piensa, respira antes de actuar, antes de hablar

#PAUSA antes de decir algo que no quieres decir, antes de ofender a alguien

#PAUSA para antes de dar ese primer paso, dar ese comentario

#PAUSA para tener miedo, para tener derecho a retroceder si no te sientes seguro

#PAUSA para tomar el tiempo que necesites, es tu proceso, es tu vida, es tu derecho

#PAUSA para llorar, para gritar, para enojarte

#PAUSA para reír, para pensar, para ser feliz

#PAUSA simplemente porque quieres hacerla

#PAUSA porque tienes derecho a no seguir esa conversación incomoda

#PAUSA porque tienes derecho a irte de ahí cuando te sientes atacada

#PAUSA para tropezarte, rasparte, sangrar y levantarte otra vez

#PAUSA para sanar tus heridas, físicas y emocionales

#PAUSA para aceptar un error

#PAUSA para retomar con fuerza todos tus sueños

#PAUSA para una pausa…

Y tú, ¿ya hiciste una pausa?

La Vane…y su café

4.- Carta N°1 a mi «Yo del Pasado»

Hola, Vane del pasado. Ojalá esta carta llegue a ti y la leas con el tradicional café en mano a las 5.30 am, lo cual ahora se ha convertido en parte de nosotras. No hay día en que no comencemos sin un café… ¡me enseñaste a llevar la cafetera en cada viaje que hacíamos para asegurarnos de tener ese café matutino que hace que el inicio de cada día sea mágico! Incluso nos llamaron raras por eso, ¡qué divertido!

Estamos en el año 2023; no sé en qué día y año estarás cuando decidas leer esta carta. Sin embargo, quiero contarte cómo estamos hoy.

Hoy, ya no vale la pena seguir cuestionándonos si todas las decisiones que tomamos son las correctas. Simplemente las tomamos en el momento en que creíamos que eran lo mejor, y como les ocurre a todos, no siempre las cosas salen como queremos. Es en este momento cuando nos encontramos en el proceso de reescribir nuestra historia.

Creo que más allá de si nuestras decisiones fueron acertadas, es importante saber cómo continuaremos nuestro camino en esta historia de vida y cómo la cerraremos cuando llegue el momento.

Para lograrlo, debemos cerrar poco a poco ciertos capítulos, los cuales iremos abordando con cada carta que te envíe (¡léelas siempre con tu café matutino, si no, no cuentan! 😉).

Cerrar capítulos, como parte de lo que llamamos «nuestro proceso de duelo», siempre ha sido lo más difícil. Solíamos huir de los procesos de duelo y esconderlos en lo más profundo de nosotras. Inconscientemente, esto nos detenía y nos impedía avanzar.

Hoy, lo enfrentamos poco a poco. Aunque aún nos resulta difícil, estamos progresando. Hacemos el duelo, y al día siguiente, los sentimientos vuelven a resurgir. Sí, seguimos siendo tan tercas y testarudas como siempre (al menos eso no ha cambiado).

No es sencillo cerrar de golpe las decisiones que nos brindaron momentos de felicidad e ilusión, y que se convirtieron en parte de lo que somos hoy. Es por eso por lo que nos aferramos a ellas, a pesar de haberlas despedido «definitivamente». Pero ha llegado el momento de empezar a dejarlas ir, a tu ritmo y en tu tiempo, siempre y cuando estés lista.

Comencemos…

El primer capítulo para cerrar: «Arrocito»

¿Ya conociste a «Arrocito»? Si no es así, esta es una alerta de spoiler, ya que se convertirá en el capítulo más importante de tu vida. A la vez, será aquel que nunca comprenderás del todo. Será aquel que te hará buscar respuestas incluso en diferentes religiones y te llevará a tocar las puertas de innumerables iglesias en busca de explicaciones. Pero no… no encontrarás explicaciones. En todas esas religiones e iglesias, la respuesta será siempre la misma: «tenía que suceder así».

«Arrocito», como cariñosamente lo llamábamos debido al tamaño que debía tener cuando lo conocimos, se quedó apenas un breve momento con nosotras. Llegó a ser tan pequeño como un frijolito. En nuestras conversaciones imaginarias con él, incluso reclamaba que ya era más grande que un grano de arroz y que merecía ser promovido a «frijolito» (¡ya estaba desarrollando nuestro carácter!).

Tenía gustos curiosos: le encantaba el jugo de melón helado y desarrolló un capricho por la cebolla cruda y cualquier alimento con limón en exceso. ¡Ah! Y un día, de alguna manera, decidió que quería una chocoteja con relleno de fresa. Aunque no estoy segura si existe, en sueños nos lo pedía. ¡Ya estaba demostrando ser tan caprichoso como nosotras! (Luego lo distraíamos con un chocolate con cerezas, parece que le gustó y lo empezó a pedir a menudo).

Como mencioné antes, solo se quedó con nosotras por un corto período de tiempo. No pudimos abrazarlo en persona, pero la felicidad e ilusión que nos brindó nos marcó profundamente.

Vane, te encontrarás con amigos que, con la mejor intención, tratarán de acercarte a sus hijos. Te dirán que cargues a sus bebés creyendo que de alguna manera ayudarán a aliviar tu dolor. Cometieron un gran error; no se daban cuenta de que cada vez que lo hacían, abrían una herida que tardó mucho en sanar. Pero hoy, agradezco sus esfuerzos por intentar aliviar un dolor que cada uno enfrenta y supera a su manera.

También te dirán que sus hijos son como tus hijos. No, nunca es así ni lo será. Sean empáticos, y es mejor que pregunten, incluso si pudiera parecer incómodo. No queremos que nos digan eso. Puedo amar a tus hijos, pero NUNCA serán mi «Arrocito». Por lo tanto, no serán mis hijos.

Te encontrarás con personas que te dirán cosas como «pero les pasa a todas», «es más común de lo que piensas», «pero solo estuvo contigo tres meses, eso no es nada». Frases de ese tipo que “intentan” aliviar el dolor, especialmente si provienen de personas a las que amas. Sin embargo, hoy, agradezco su intención y perdono el que no hayan simplemente callado. Entiendo que lo hacían para ayudar a sobrellevar el mal momento, sin comprender el dolor que causaban.

Hoy manejamos la situación de manera diferente. Nos resulta entretenido cuando nos preguntan: «¿Por qué no tienes hijos?». Antes nos avergonzábamos, bajábamos la cabeza y tratábamos de dar una justificación que creíamos sería como un placebo para nuestros sentimientos. Pero solo lograba que estas personas ofrecieran «soluciones» sin que se las pidieran. ¡Incluso una vez alguien insinuó que no habíamos intentado lo suficiente ni buscado otras soluciones, que “nos habíamos quedado”! Con todo respeto, le digo: ¡es mi vida, es mi decisión! Aprecio tu interés, pero no lo acepto.

Hoy es diferente, respondemos simplemente con un «no puedo tener hijos y no quiero tenerlos». Y eso es todo, cambiamos de tema. Ojalá esta carta te llegue a tiempo para que aprendas a manejarlo desde el principio y cada vez que te lancen una «solución», no sientas esas espinas en el corazón que solo atormentan y causan dolor.

«Arrocito» ya se ha despedido de nosotras. Vino en sueños, nos abrazó tan fuerte que despertamos en posición de abrazo. Lo sentimos, te lo juro, ¡fue real! Era su manera de decirnos que tenía que seguir adelante, continuar su camino y traer felicidad a otra mamá. Nos acompañó en nuestros pensamientos durante muchos años, y ahora es momento de dejarlo partir. Si aún no has tenido ese abrazo, te aseguro que será lo mejor que la vida te pueda brindar.

¡Sé feliz “Arrocito” mío, algún día nos daremos ese abrazo nuevamente!

Hoy formalizo esta etapa de duelo y te dejo partir.

Bebiendo el último sorbo de café y con la luz natural entrando por la ventana, es hora de cerrar esta carta.

La Vane…y su café

vanessa@lavaneysucafe.com

Nota: «Arrocito» fue un embarazo que no llegó a término, resultado de tratamientos de fertilización a los que nos sometimos con muchos intentos. Estos tratamientos pueden traer la buena noticia y completar un sueño, pero también pueden maltratar física y emocionalmente más de lo que puedas imaginar. Después de «Arrocito», intentamos muchas veces más, siempre recibiendo respuestas negativas. Finalmente, llegó un momento en el que priorizamos nuestra salud física y emocional para seguir adelante.

Agradezco a todos aquellas personas que estuvieron ahí, con palabras o el silencio necesario y hasta acompañaron en este proceso, gracias por estar ahí y demostarnos todo su amor.

#lavaneysucafe

3.- Un café con sabor a nostalgia

Hoy es uno de esos días en los que las palabras juegan como niños a las escondidas; se resisten a ser encontradas para dar inicio a la publicación de hoy… ¡Vengan ya, tenemos que empezar!

He escuchado muchas veces hablar del «bloqueo del escritor», que es como cuando tienes un día en el que simplemente no puedes pensar en qué decir o cómo continuar escribiendo. Es como si tu creatividad decidiera tomar un descanso sin previo aviso.

A veces tienes muchas ideas en la cabeza dando vueltas, mezcladas con una serie de emociones, pero cuando te sientas frente a la pantalla, simplemente… no fluyen. Es como si las palabras se escondieran y te dejaran buscando el punto de partida perfecto.

A veces ocurre porque sientes miedo de mostrarte vulnerable, de mostrar tus sentimientos y emociones tal cual son. Sientes miedo de que conozcan tus puntos débiles y de dejar de lado esa imagen de fortaleza o tranquilidad que siempre llevas contigo.

Esta es precisamente la sensación que me prometí a mí misma que no permitiría que me frenara al escribir, ya que fue la primera regla que me establecí al comenzar este blog.

Es por eso que hoy decido compartir mis sentimientos con ustedes y me dispongo a exponer una serie de cartas mentales que he estado escribiendo durante mucho tiempo; cartas que me hacen regresar a algún momento del pasado y «decirme» cosas que me hubiera gustado hacer, escuchar o saber cómo iban a terminar.

Esta vez, lo hago para empezar a cerrar los capítulos del pasado y así dar inicio —o retomar— las primeras líneas de mi nuevo libro de vida en el futuro.

¿Y tú, tienes cartas para tu yo del pasado? Te invito a escribirlas y, si lo deseas, también a compartirlas. Este es un espacio seguro, yo invito el café 😉

Los invito a leer “Carta N°1 a mi yo del pasado”. Espero que la disfruten, va muy bien para cerrar esta semana.

La Vane…y su café