34.- En modo niño

Hace un tiempo tomé una decisión: volver a ver la vida en modo niño. No sé en qué momento lo olvidé, pero por suerte algo dentro de mí quiso recordármelo.

El modo niño no es una edad, es una forma de mirar. Es cuando, de pronto, una puesta de sol no es solo el fin del día, sino un espectáculo que parece pintado solo para ti. Es cuando jugar con tu mascota se convierte en una fiesta. Cuando una carcajada no necesita explicación. Cuando recibir un mensaje inesperado te puede alegrar todo el día. Es dejarse sorprender. Es ver con ojos nuevos, aunque ya conozcas el paisaje.

Hubo un momento en que todo empezó a volverse normal. La rutina se puso in – cómoda y silenciosa, y dejé de notar las cosas lindas. Pero un día, decidí que no quería acostumbrarme. Quise volver a maravillarme. Volver a asombrarme con las cosas más simples. Como hacen los niños. Como cuando uno descubre algo por primera vez y todo se llena de brillo.

Y empecé a mirar distinto. A disfrutar distinto. Como si cada día fuera una caja con sorpresa. Como si el mundo tuviera detalles escondidos solo para mí… y para quien se anime a mirar con curiosidad.

Una de esas cosas que me devuelven automáticamente al modo niño son las burbujas de agua. No importa dónde esté ni con quién esté: si veo una burbuja de agua, corro tras ella. Me emociono. Trato de atraparla, de reventarla entre risas, como si fuera una misión importantísima. Y por un instante, soy esa niña que no piensa en nada más que en jugar. Es un ritual mío, una forma de recordarme que sigo viva por dentro.

Volver al modo niño es un acto de rebeldía luminosa. Es decirle que no al piloto automático. Es salirse del molde de “lo de siempre” y atreverse a disfrutar sin poses, sin deberes, sin la idea de “ser productiva”. Solo por el placer de reír. Solo por el gusto de estar viva.

Y es ahí donde todo cambia. Porque cuando uno elige ver el mundo con ojos de niño, no es que las cosas cambien… es que uno cambia.

Y entonces todo —absolutamente todo— puede volverse extraordinario.

Tal vez hoy también sea un buen día para correr tras una burbuja. O al menos, para volver a mirar algo de siempre… con ojos de primera vez.

Café en mano…lista para buscar «mis burbujas» 😉

La Vane…y su café

Deja un comentario