Hace poco inicié una dinámica que consiste en conocer a artistas locales, tomar talleres con ellos y experimentar una cocreación, guiada por ellos mismos, a la que luego le añado un «toque» de mi estilo.
¿Cuál es el propósito de esto? Para mí, se trata de descubrir las diversas motivaciones que llevan a una persona que, inicialmente no se consideraba un «artista» de manera formal, pero el destino la lleva hacia esta dirección.
Lo más interesante es cómo logra encontrarse a sí mismo y, lo que es aún más fascinante, cómo encuentra su estilo y descubre ese «punto» de inspiración que lo cura y le permite continuar.
Algo que he aprendido y sigo aprendiendo, sobre todo en estos talleres, es que para comprender el arte, es necesario situarse en el momento en que se creó esa obra, entender las motivaciones, ya sean positivas o negativas, que llevaron a ese artista a plasmarla en su obra.
Estas motivaciones pueden ser diversas: dolor, felicidad, autodescubrimiento o reencuentro. La salud, el entorno, el contexto, y otros factores también influyen. Sin embargo, conocer un poco más acerca de la procedencia y el contexto en ese momento es lo que nos permite apreciar y valorar realmente el arte.
En estos talleres, debo confesar que inicialmente sentía que no estaba en sintonía, ya que lo habitual es que el artista desee que la cocreación refleje en gran medida su visión y diseño y no necesariamente mi estilo (me encontré en varios momentos en que el artista quería influir en mi diseño y yo no se lo permitía – era muy divertido-), lo que nos traía una «pizca» de frustración a ambos.
Para mí, en cambio, se trata más de encontrar un concepto detrás de lo que pinto o dibujo, y darle una historia, más allá de simplemente crear algo «bonito», cosa que en un momento nos causaba un ligero conflicto entre el artista y yo.
Sin embargo, una vez que explicaba el significado del concepto a través del trabajo final, parecía como si automáticamente el diseño cobrara vida y fuera percibido de una manera diferente: con una personalidad propia, un estilo único y realizado a mi propio ritmo. Fue en ese momento que recibía comentarios positivos sobre mi creación.
Todo esto me llevó a reflexionar sobre cómo este descubrimiento en el arte puede aplicarse a nuestra vida cotidiana.
¿Qué ocurre en nuestro día a día?
A menudo, estamos tan inmersos en la rutina que rara vez nos tomamos el tiempo para hacer una pausa, respirar y reflexionar sobre cuál es nuestro estilo y ritmo para llevar a cabo las cosas.
Puede que nos encontremos con oportunidades de mejora, y está bien identificarlas y superarlas. Sin embargo, también es importante reconocer que hay situaciones en las que debemos avanzar a nuestro propio ritmo y estilo, sin presiones externas. Hay procesos que necesitan tiempo para asimilarse y aceptarse.
El presente nos empuja a querer correr, lo cual está bien si estamos preparados para ello. Pero también tenemos el derecho de pausar, respirar, evaluar y decidir los siguientes pasos. Lo importante es que encuentres calma en lo que decidas y sientas que los próximos pasos son los que necesitas, incluso si eso implica caer, llenarte de raspones y tener que levantarte nuevamente, adolorido, para continuar. Pero solo debes hacerlo cuando consideres que es el momento y estés listo.
Recuerda, haz una pausa, respira, analiza y continúa, siempre a tu propio ritmo, a tu estilo personal. Evalúa tus siguientes pasos y continúa.
La vane…y su café
Te invito a leer #PAUSA

Mi linda estrellita.!!!! 🥰🥰
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