10.- ¡Sigamos!

Después de una breve pausa, regreso para seguir disfrutando de este café de viernes.

En los relatos que les he compartido, es evidente mi profunda conexión con mi lado artístico, y cómo este influye en mi vida personal y profesional.

También, en estas últimas semanas, he estado navegando en un océano de recuerdos: fotos de mi niñez, adolescencia, historias que me transportan a mis comienzos y me ayudan a reconectar con mi esencia. Ha sido una gran experiencia.

Hoy, quiero tratar de conectar un recuerdo de infancia con una experiencia actual, y que aprendí de ellas:

Recuerdo de infancia

Este recuerdo afloró después de ver una divertida foto. En ella, mi primo y yo estábamos vestidos con ropa igual, solo de diferente color: yo llevaba amarillo (mi mamá parece que tenía una predilección por los tonos amarillos en ese entonces) y él azul. Yo era rellenita y con mis cachetes en primer plano, mientras que él era delgado, como siempre lo ha sido. La ropa me quedaba ajustada, y a él le quedaba holgada. ¡Revivir ese momento fue maravilloso!

Recuerdo tener alrededor de 7 años, y mi primo Miguel tenía 8. Nos sentábamos en un muro frente a la puerta de la casa que daba a la calle. Recientemente, pasé por allí y vi que las hermosas casas se habían transformado en edificios. La vida sigue, cambia, y debemos seguir adelante.

Mi primo Miguel cantaba una canción que le habían enseñado en la clase de religión. Decía algo así: «Si yo no tengo amor, yo nada soy, Señor». Cuando él la cantaba, ponía mucho sentimiento. Yo no entendía completamente el significado de la canción, pero me encantaba cómo la interpretaba, llena de emoción y casi susurrando.

 En eso, una señora que pasaba lo escuchó y comentó: «¡Qué bonita canción!». Sonrió y continuó su camino.

En ese momento, deseé que me hubieran alabado a mí también. Empecé a cantar junto a mi primo, tal vez incluso con volumen de voz más fuerte que él. Pero a pesar de eso, nadie más se detuvo para elogiar mi canto. Sentí cierta frustración.

¿Por qué nadie alabaría mi interpretación?

Hace unos días

Como ya saben, por las historias que les vengo contando, sigo buscando aprender de nuevas técnicas para pintar y dibujar. Una habilidad que siempre me pareció desafiante era la de dibujar rostros a partir de una foto. Sin embargo, decidí retarme a aprenderlo y hacerlo bien. En mi última clase, enfrenté la presión de mi profesora, quien nos instó a avanzar más rápido y a completar el rostro que estábamos trabajando ese día. En medio de la tensión, olvidé todo lo que había aprendido sobre la importancia de desaprender y realizar trazos suaves para sentir el proceso de creación. Borré el dibujo una y otra vez, hasta el punto de sentir que no podía arreglarlo. Fue frustrante.

Después de numerosos intentos, logré crear las formas que buscaba, pero aún debía definir algunos detalles, como el cabello, el cuello y otros elementos que darían forma al trabajo final. Mi profesora notó mi frustración y, en lugar de más presión, me ofreció algunas pautas.

En ese momento, me reconecté con esa parte de mí que permite que las cosas fluyan. Dejé de presionar el lápiz, realicé trazos suaves, observé la foto y disfruté del proceso sin preocupaciones. El resultado: esos últimos trazos quedaron muy bien y recibieron elogios de la profesora.

Conectando historias

  • Una niña forzando a recibir un alabo por algo que sólo se “fuerza” a cantar: sin sentimiento real, con la presión de “hacerlo bien “.
  • Un adulto dibujando, intentando que salga perfecto, sin el sentimiento que hace que tus dibujos reflejen quien o cómo es realmente.

Al conectar estas dos historias, reflexiono sobre cómo la presión y las expectativas pueden influir en la forma en que realizamos nuestras actividades.

A menudo, olvidamos disfrutar del proceso y dejamos de ser nosotros mismos para cumplir con lo que se espera de nosotros. Aunque no siempre podremos hacer solo lo que nos gusta y disfrutar de cada momento, podemos intentar incorporar un poco de esa satisfacción personal en nuestras vidas diarias.

Pregúntate

¿Qué sucede cuando haces las cosas por presión, por obligación? ¿las disfrutas realmente? ¿las vives? ¿sientes realmente el momento de creación que estás viviendo? ¿lo haces sólo por esperar algo a cambio y no simplemente por la satisfacción personal de hacerlo?

¿Te das cuenta como estas experiencias pueden llevarte a lecciones de vida?

El día a día nos lleva simplemente a cumplir expectativas: personales o de otros, haciendo que dejes de lado el disfrutar y aprender del proceso, dejando de lado lo que realmente te reconecta contigo mismo y sobretodo, muchas veces dejas tu esencia, dejas de ser tu sólo para “cumplir”.

Regálate unos minutos para ti, hacer algo que realmente te guste y disfrutes o dentro de tus actividades busca, dentro de todas las cosas que haces, alguna que te permita reconectar contigo mismo, en el que digas: “voy a sentir este momento, voy a sentir esta actividad, voy a sentirlo, voy a disfrutarlo”, no solo hacerla por rutina.

Yo, seguiré con mis dibujos y pintura, aprendiendo, retándome y buscando disfrutar cada momento, recibiendo lecciones y compartiendo este café de viernes con ustedes.

¡Ahora, serviré mi segunda taza de café! Nos vemos el próximo viernes.

La Vane…y su café

Deja un comentario