11.- Sintiendo y conectando

LUUUUZ… 1… 2… 3… 4… 5… LUUuz… 1… 2… 3… 4… 5… 6… 7… luz… 1… 2… 3… 4… 5… 6… 7… 8… 9…

No sé qué hora es, solo recuerdo que ya estaba metida en mi cama. Era normal en esa época estar sin luz… Tengo 13 años y estoy viviendo en Tumbes.

¿Dónde estoy? En Corrales, que queda a las afueras de Tumbes, a casi 20 minutos por carretera y luego un desvío hacia la izquierda (en dirección de norte a sur) y hasta el fondo. Un camino de semi trocha, característico de nuestras provincias, muchas veces olvidadas.

Estamos en verano, temporada de lluvias intensas en la zona. Con frecuencia cortaban la electricidad, no solo por la lluvia, sino por las restricciones locales. Lo cual hacía que fuera muy común estar a oscuras o, en caso contrario, usar velas o lámparas de querosene era lo normal.

Los golpecitos en el techo con calamina nos anuncia que está empezando a llover. El sonido de la caída de agua intensa sobre los pocos jardines y de pronto, el característico olor a tierra mojada nos confirma que llegó la lluvia, con todo ese misticismo que solo la naturaleza sabe cómo regalarnos.

En esta época de lluvia, en la cual podía pasar de una bonita y divertida experiencia a tener que sacar el agua de las habitaciones porque era tan fuerte que sobrepasaba cualquier protección que pudiéramos tener: era como una ruleta rusa… ¿cómo será esta vez?

Mi primer pensamiento es querer bajar de la cama, y es el primer reto que se debe afrontar: ¿habrá alguna filtración que haya hecho que el piso se haya mojado? No se imaginan la fea sensación de mojarse los pies cuando no lo esperas. Como aún sigo a oscuras y mis ganas de salir de la cama era muy grande, simplemente pongo un dedo del pie en el suelo como para tantear el suelo… y… ¡uff! ¡Está seco!

El siguiente paso es tratar de conseguir encender el lamparín de mi dormitorio. A lo lejos ya escucho la voz de mis papás, buscando las posibles filtraciones en los techos para poner los baldes y que no moje ni malogre el piso de la casa y los muebles.

Tac… tac… tac… golpean las gotas en los baldes que ya protegen los muebles.

Logro encontrar los fósforos en mi dormitorio, quito el protector de vidrio y siento el característico olor a querosene. Enciendo la mecha, regulo la intensidad de la luz y pongo nuevamente el vidrio. El entorno se envuelve en un ligero resplandor al que poco a poco me voy acostumbrando.

Nuevamente escucho la voz de mis papás: ¿un cafecito?

No hay mejor momento que cada vez que se va la luz por la fuerte lluvia. Todos en casa nos levantamos camino a la cocina, se enciende un lamparín de querosene que ilumina la habitación, con un reflejo de fondo de una llama que se mueve como un danzarín, no permitiendo tener totalmente claridad, pero sí eres capaz de ver a tu alrededor.

Sentados en la sala, taza de café en mano, escuchando cómo cae la lluvia y contando los segundos entre relámpago y relámpago:

Tac… tac… LUUUUZ… 1… 2… 3… 4… 5… LUuz.. 1… 2… 3… 4… 5… 6… 7… luz… 1… 2… 3… 4… 5… 6… 7… 8… 9…

Hoy no es distinto al resto de aquellos días de lluvia. El olor a tierra mojada, el ruido de la lluvia golpeando la calamina, aprendiendo a ver en la oscuridad y recordando cada ubicación de los muebles, ¡para no darnos esos horribles golpes en el dedo del pie!

 Ese aroma: una mezcla de café, querosene (del lamparín) y el olor a tierra mojada. Percibo un ligero aire sobre mi rostro, si me asomo a la ventana las gotas de lluvia rebotan sobre ella. Me gusta jugar con el lamparín: pongo mis manos alrededor de él y percibo su calor, el olor… todo es magia cuando llueve.

Qué bonito es disfrutar todo lo que la naturaleza y los momentos que, sin saberlo, es capaz de regalarnos: te conecta con todos tus sentidos, te une y reúne con los tuyos, te enseña.

¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste, REALMENTE, de la naturaleza y cómo es capaz de hacer todas estas conexiones en tu vida? ¿Qué sensaciones y recuerdos te trae a la memoria cada vez que te conectas con ella? Si aún no lo has disfrutado, te reto a hacerlo: conéctate contigo mismo, respira, siente el sol, el frío, la lluvia o la llovizna, permítete conectar tus emociones con cada factor externo que percibas, interiorízalo y simplemente vívelo.

LUUUUZ… 1… 2… 3… 4… 5… LUuz… 1… 2… 3… 4… 5… 6… 7… luz… 1… 2… 3...

4… 5… 6… 7… 8… 9… ya se está alejando.

Hoy en Lima, las gotas de llovizna suenan en el techo del jardín…¡momento de otra taza de café!!

#LaVaneysucafe

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