13.- Carta N° 2 a mi Yo del pasado: Los ángeles en nuestro camino

Hola Vane, ¿cómo estás? ¿Qué día es cuando estás leyendo esta carta? ¿En qué etapa de nuestra vida te encuentras?

Por acá es el 2023, no quiero entrar en detalles de fechas para dejarte algo de suspenso y emoción y no ir “spoileándote” la vida.

Hoy te quiero contar sobre los ángeles, y no necesariamente sobre esos seres religiosos y míticos, sino sobre aquellos con los que te cruzas día a día sin darte cuenta.

Nos ha tocado serlo alguna vez y no somos conscientes de ello hasta que nos lo hacen notar. ¿Pero sabes un secreto? Es mejor no saberlo, puesto que nos ayuda a mantener la humildad y seguir esforzándonos por ser mejores cada día, humildad que siempre es tan escasa en esta vida.

Regresando a nuestros ángeles… Te cuento que nos hemos topado con muchos de ellos. Suelen ser personas tan buenas y humildes que no requieren que las alabes o que las endioses; por el contrario, son las personas (o hasta animales) más puros y sinceros con los que te vas a encontrar.

¿Qué cómo los vas a reconocer? Muchas veces ni te darás cuenta en el momento. Muchos son personas tan cercanas a nosotros que ni lo sabemos.

A veces son personas que conoces de paso en el camino del día a día y que con una sonrisa son capaces de alegrarte el día. Son personas que conoces de la forma más inimaginable y que se van convirtiendo en tus amigos, capaces de escucharte y ayudarte incondicionalmente.

¿Quieres una ayudita para identificarlos?

– Es aquel niño que de forma espontánea te busca para un abrazo (sin conocerlo) o juega a tu alrededor haciéndote partícipe de su juego (¡así no lo quieras! Es de lo más divertido).

– Es aquel señor de seguridad, que se preocupa por que el taxi que tomas sea realmente seguro y hasta anota la placa del auto.

– Es esa amistad que te pide que la llames llegando a tu casa, porque sabe que estás regresando tarde o muy cansada o no quiere que algo malo te suceda.

– Es aquella amiga que te envía muchos mensajes para saber cómo estás (a pesar de que muchas veces no le contestas inmediatamente) pero que te entiende y te sorprende cada semana con un mensaje positivo y de buena vibra.

– Son esas llamadas que no respondes de ángeles interesados en saber cómo estás e insisten hasta que se aseguran que estás bien.

– Son esos familiares y amigos, que ya no están contigo, pero que se las ingenian para buscarte en sueños y decirte que están a tu lado, por siempre.

– Son esos gatos (de una clase de pintura que en algún momento tomarás) que son capaces de sacarte millones de risas con sus ocurrencias y que se sientan en tu regazo cuando saben que los necesitas.

– Están en esas clases de pintura con conversaciones de miles de temas que salen en cada una de las clases: ayudándote a superar la frustración y retándote a ser mejor cada día.

– Están con esos mensajes inesperados, que son capaces de aliviarte y darte seguridad.

– Están con tus colegas, capaces de comprenderte y ayudarte cuando más lo necesitas.

Son papi y mami, que con sus mágicos abrazos hacen que tu mundo se reinicie.

– Son aquellos que te enseñan, de mil y un formas y te van haciendo fuerte para continuar: ellos también son tus ángeles… si ellos no te preparan, ¿quién lo hará?

– Están en las mascotas que tendrás, que harán tu vida alegre y robarán miles de sonrisas.

– Están en los jóvenes, que recién inician su vida, que te cuentan de sus historias y te hacen entender cómo ven el mundo y te hacen recordar que también estuviste como ellos, queriendo comerte al mundo, sin límites.

– Están en el vecino que te saluda con una sonrisa, en el señor que atiende en el restaurante que sabe de tus gustos y hasta parece leerte la mente, en el dueño de la “bodeguita de la esquina” que te da “la yapita”, en el taxista que te cuenta de su vida y te hace sentir cada vez más presente. Y miles de ángeles más…

Vane, ¿te das cuenta de lo afortunada que eres?

Toda tu vida estará acompañada de preciosos ángeles que se encargarán de hacerse presentes, de miles de formas y seguirte enseñando.

¿Mi consejo?

Estate presente, disfruta cada día, así sean buenos o malos, vive cada una de las emociones que te generan, entiéndelas y aprende de ellas, que son las que te ayudarán en este camino de vida, ¿largo o corto? No lo sé, pero mientras sigamos acá… ¡solo vive!

Nuestros ángeles siempre nos acompañarán, eso no lo dudes 😉

El día inicia…termino mi taza de café y me preparo para encontrar a mis angeles de hoy =)

La Vane…y su café

12.- Desayunos de domingo

Los desayunos de domingo siempre han sido y son especiales. Ese día, la cocina se viste de fiesta y saca a relucir sus mejores platos.

Nos despertamos todos muy temprano, en contraposición a muchas familias. Para nosotros, el domingo no es pretexto para dormir más tiempo del habitual. Al contrario, es un día familiar y hay que aprovecharlo al máximo.

Desde mi habitación, con mamá en la cocina, se escuchan sonidos familiares: el ruido del estante de las ollas al cerrarse, el tintineo de los utensilios de cocina al chocar entre ellos y, con el tiempo, hasta aprendes a reconocer el sonido de la puerta del refrigerador al abrirse y cerrarse.

De pronto, esa sinfonía se mezcla con un aroma irresistible: el café que se prepara en la cafetera, marcando el inicio de esta mágica experiencia dominguera.

Ese aroma te invita a acercarte corriendo para ayudarla. Escuchas un “tac, tac, tac” y descubres sobre la tabla de picar una variedad de colores y olores que presagian algo delicioso en camino.

Al escribir esto, recuerdo nuestras visitas al norte, a casa de mis abuelitos paternos. Ambos se levantaban temprano y esos sonidos y olores de un típico desayuno norteño —tamalitos verdes, seco de chavelo, carne seca frita— me vienen a la mente. Y siempre estaba presente el inigualable café de mi abuelita. Por más que intentáramos replicarlo con la misma marca y cafetera, nunca sabía igual. Mi abuelita tenía un toque mágico que jamás reveló.

Volviendo a nuestros especiales desayunos de domingos: Mi papá se encarga del jugo, mientras yo ayudo pasándole algunos ingredientes o guardando utensilios ya usados. Todos nos integramos en este mágico ritual.

No ponemos música, pero el televisor, siempre sintonizado en un programa matinal dominical, murmura en el fondo, añadiendo su nota a este concierto matutino.

En casa somos solo tres: papá, mamá y yo. Aunque somos una familia pequeña, el ambiente se siente lleno de risas y alegría. Escucho a mamá regañarnos juguetonamente por «robar» algunos ingredientes picados mientras mi papá y yo nos reímos a carcajadas.

El horno ya está encendido para calentar los panes. Y en la sartén, el aceite burbujea en anticipación.

¿Qué se preparará hoy? : El aroma del ajo invade la casa, seguido del sonido de la cebolla al freírse y, finalmente, ¡la carne! ¡Hoy toca lomito al jugo!, mamá le añade su «puntito verde» y ese toque secreto que lo convierte en un platillo inigualable.

La mesa está lista, con todo lo necesario para este festín. El protagonista, aparte de la comida, es el amor y la compañía de mis padres. Estos domingos son verdaderamente mágicos, culminando con charlas amenas, risas y mucho amor.

Cuando era adolescente, renegaba de tener que despertarme temprano en domingo. Pero ahora, como adulta, agradezco a mis padres por enseñarme a valorar esos momentos en familia.

Estos instantes mágicos son la verdadera esencia de la familia. Ya sea durante un desayuno o cualquier otra tradición, es vital mantenerlos vivos. No importa el platillo, desde lo más simple y sencillo o hasta el platillo más elaborado, lo que cuenta es la compañía y el cariño con el que se vive.

Estos rituales son la verdadera herencia familiar, los que llevamos con nosotros y pasamos a futuras generaciones.

Y tú, ¿qué tradiciones tienes en tu familia? ¿Eres parte de esos momentos mágicos? ¿Has iniciado alguno? ¿Qué tal si propones una nueva actividad y comienzan a practicarla?, desde algo tan simple como cambiar el lugar de ese desayuno o decorar distinto el ambiente o tal vez algo de música: lo importante es hacerlo especial, diferente y que marque lo especial de ese momento.

Termino mi último sorbo de café y me voy directo a la cocina…¿que haremos hoy para el desayuno? 😉

La vane…y su café