15.- Melodías de la Vida: Aprendiendo a Escuchar con el Corazón

Día a día me encuentro con que la vida es una sinfonía de experiencias y perspectivas. Cada mañana, mientras saboreo mi café a las 5:30 am, me sumerjo en el silencio previo al amanecer, momento perfecto para reflexionar.

La vida, se vive y se siente de maneras infinitamente diversas.

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar a niños tocar los violines, en esa presentación, me salí de la abstracción que la música de este instrumento me provoca y me permití ver a  mi alrededor: vi la música a través de los ojos de otros.

Recuerdo a una bella niña con síndrome de Down, cuyo espíritu libre y desinhibido la llevaba a bailar al ritmo de cada nota. Su alegría era palpable, una expresión pura y sincera de cómo la música tocaba su alma ¡era increible ver como vivía la musica!.

Era un recordatorio hermoso de que la música, y la vida en sí, no solo se escuchan, sino que también se sienten y se viven con todo el ser.

A su alrededor, otros niños escuchaban atentamente, absortos en la complejidad de la melodía, tal vez entendiendo la música de una manera menos técnica, pero igualmente válida. Una niña movía los dedos de la mano como queriendo imitar al director, otro niño jugaba con el fondo musical, otro sólo miraba absorto la pasión con que cada violinista sentía cada nota musical. Cada uno de ellos experimentaba el concierto a su manera, aprendiendo y descubriendo.

Los adultos presentes, incluyéndome, teníamos nuestras propias interpretaciones. Algunos (como yo) cerraban los ojos, permitiendo que la música toque cada fibra y sentir como emociona cada célula de su ser. Otros,  probablemente evocando recuerdos o permitiendo que la música les transportara a otros tiempos y lugares. También estaban los que observaban con admiración a los músicos, reconociendo el esfuerzo y la dedicación detrás de cada pieza.

Y no me puedo olvidar de los ancianos, cuyas expresiones reflejaban una mezcla de nostalgia y alegría. Para ellos, cada nota podía ser un eco de su juventud o un recordatorio de los muchos conciertos a los que habían asistido a lo largo de los años. Su apreciación era tranquila, profunda, como si cada melodía fuera un viejo amigo.

Este mosaico de experiencias me enseñó que la vida, como la música, se interpreta de infinitas maneras. Cada uno de nosotros escucha una melodía diferente, incluso cuando la música es la misma. Esta diversidad de percepciones es lo que hace que cada experiencia sea única y valiosa.

Hoy, con mi café en mano, pienso en cómo cada persona que me rodea vive su propia sinfonía personal. Me permito escuchar no solo con mis oídos, sino con mi corazón, abriéndome a entender y apreciar las distintas melodías que componen el concierto de la vida.

En este proceso de redescubrimiento, me doy cuenta de que ver la vida a través de los ojos de otros, no solo enriquece mi propia experiencia, sino que también me enseña a valorar cada nota, cada momento, cada persona de una manera más profunda y significativa.

Recuerda, que cada persona que encuentras es un universo de experiencias, emociones y perspectivas únicas. Al igual que en un concierto, donde cada oyente vive la música a su manera, en la vida, cada persona que nos rodea nos ofrece una oportunidad para aprender y crecer.

Así que te invito a abrir tu corazón y tu mente a las melodías de los demás. Escucha sus historias, siente sus emociones, y permítete ser movido por sus experiencias. Al hacerlo, no solo enriquecerás tu propia vida, sino que también te conectarás más profundamente con el mundo que te rodea.

 Y recuerda, en el gran concierto de la vida, cada nota, cada pausa, cada silencio, tiene su propia belleza y significado.

Terminando mi taza de café y ya siendo de día, me preparo para escuchar la melodía de vida de hoy.

La Vane…y su café.

14.- Pintando la vida

En este camino de vida que llevo recorriendo, debo confesar que me muestra los distintos colores y matices que me llenan de sensaciones y sentimientos muy difíciles de describir. Con sus distintas tonalidades, solo puedo relacionarlo a toda vez que agarro un pincel, un lápiz de color o los distintos materiales con los que suelo pintar y tratar de plasmar mis sentimientos y emociones a ese momento.

Es un momento mágico. Es como si mi mano cobrara vida, con música de violines y chelo a todo volumen, y es como que simplemente me transportara a un estado paralelo: nada importa a mi alrededor, de forma intuitiva sé qué mezcla debo hacer para lograr el efecto buscado… sin teorías, sin lógica, sin nada forzado… solo lo siento. ¿Eso es lo que le llaman talento? No lo sé…

¿Qué tal si imaginas por un momento que tu vida es un lienzo gigante? Tú eres el artista de tal talento que eres capaz de crear tus propios destinos. Cada día, cada hora, cada instante es una oportunidad para sumergirse en ese lienzo y dar vida a tus sueños… ¡es como un portal hacia un mundo de posibilidades!

¿Cómo creo que se debe comenzar a pintar ese hermoso lienzo de vida?

Partimos de la inspiración, donde inicia todo. La inspiración, la defino yo, como ese brillo en tus ojos cuando miras al cielo estrellado y te das cuenta de que eres parte de algo más grande. Es el suspiro que escapa de tus labios cuando te sumerges en una pieza de música que te estremece el alma, mientras disfrutas de ese primer sorbo de café por la mañana, cuando el mundo aún está en silencio y lleno de promesas.

¿Y luego qué sigue?

La creatividad, como un pincel mágico, esa herramienta que te permite transformar las ideas en realidad. Así como un artista ve un lienzo en blanco y visualiza su obra antes de que la primera pincelada toque la tela, nosotros debemos visualizar nuestros sueños con la misma intensidad y claridad, como cuando el vapor del café se eleva de la taza y se convierte en un mágico danzante que es capaz de envolverte en mil y un sensaciones y emociones.

El tiempo: No hay un tiempo perfecto para terminar de pintar un lienzo en blanco.

Así como un pintor aplica capa tras capa de pintura con cuidado y detalle, nosotros debemos avanzar con paciencia hacia nuestros sueños. A veces, la vida nos desafía, nos presenta obstáculos inesperados y nos hace retroceder. Pero cada vez que nos levantamos y continuamos, añadimos una nueva pincelada a nuestra historia, nos acerca un poco más a un día lleno de oportunidades.

La Pasión: el fuego que enciende el alma. La pasión es el fuego que arde en nuestro corazón cuando pensamos en nuestros sueños. Es lo que nos hace levantarnos por la mañana con una sonrisa en el rostro y un brillo en los ojos, y nos hace ser fuertes para seguir avanzando, a pesar del dolor que puedas sentir, ellos siempre serán tu mejor estímulo.

“La gente”: Ningún artista está 100% solo. Puede tener momentos de aislamiento, pero también es necesario tener a la gente a su alrededor: esos amigos, familiares y mentores, o hasta incluso desconocidos, se vuelven nuestra galería de apoyo. Compartir nuestros sueños con otros nos conecta de manera profunda y significativa. Son ellos quienes nos alientan en los momentos difíciles, mientras compartimos historias y risas, y planeamos nuestro futuro.

Así que, en este lienzo de la vida, te invito a tomar tus pinceles, disfrutar de una taza de café y sumergirte con pasión y creatividad.

Cada día es una oportunidad para añadir pinceladas de color y significado a tu obra maestra en progreso. Algunos días tendrán tonos cálidos, otros tonos grises, y eso es parte de esta gran obra maestra que terminará en un maravilloso resultado: TU VIDA.

Preparo mis colores, música y una taza de café, estoy lista para la obra de hoy… 😉

La Vane…y su café