17.- «No pota mami, no pota»

¿Te llamó la atención este título? O quizás, ¿puedes relacionarlo con algo de tu vida? Para darte, quizás, un poco de contexto, te contaré la historia de una niña, de unos 3 años (eso creo y asumo porque no pronunciaba bien las palabras), a la que le enseñaron a “no asustarse” cuando algo se rompía.

Sí, les hablo de mí, cuando tenía esa edad –y hasta ahora– puedo decir que siempre he sido un tanto atolondrada/hiperactiva, donde la curiosidad y la sana travesura siempre estuvieron presentes.

Como consecuencia de esta innata curiosidad y mi gran parte atolondrada, el tomar las cosas prohibidas –entiéndase como los hermosos y mágicos adornos de cristal– era muy a menudo y casi siempre a escondidas, simplemente para admirarlas entre mis manos.

También cabe decir, que mis “dedos de mantequilla” ocasionaron que más de uno cayera de mis manos… sonando estrepitosamente contra el suelo un “craaaashhhh” y el bello adorno, terminaba hecho añicos.

Como era de esperarse, el sonido, el miedo de que me fueran a llamar la atención y el haber roto tan llamativo objeto, lograban que tuviese una mezcla de miedo, pena, incertidumbre de: ¿y ahora qué se hace?, con unas incontrolables ganas de llorar.

A fin de calmarme, mi “Chinita” (como recordarán, es mi abuelita, mamá de mi mamá), me decía muy tranquila: “No importa, gatita, no importa”, acompañado de un gesto con la mano que me daba a entender que era algo sin importancia hasta que me calmaba y todos mis temores pasaban.

Como buena alumna que soy, aprendí rápidamente la frase que me daba a entender que esos bellos adornos no eran importantes, y la interioricé rápidamente.

Tan buena alumna fui, que, desde esa vez, cada vez que rompía un adorno (claro, ya no tenía el cuidado extremo al agarrarlo porque ya sabía que “no importaba”) simplemente le decía a mi mamá: “No pota, mami, no pota”, según yo, para calmarla y decirle que el haber roto YO el adorno no era importante.

Hoy nos reímos de la anécdota y de la facilidad con la que lo decía, siendo esa frase para mí un “permiso implícito” para tomar cualquier adorno “prohibido”.

Me pongo a pensar en cuántos recuerdos, regalos con un significado especial, o simplemente ese adorno deseado para decorar la casa se cayeron de mis manos, y yo, siempre tratando de calmarlo con mi frase cual coro de canción de moda: “No pota, mami, no pota”.

Es increíble cómo los momentos que parecen triviales o cotidianos pueden tener un gran impacto en nuestra formación y en los lazos que tejemos con nuestros seres queridos. Estos momentos, aunque pequeños, forman la esencia de nuestras memorias más preciadas y nos enseñan lecciones valiosas sobre la importancia de la paciencia, la comprensión y el amor incondicional.

¿Y tú? ¿Recuerdas alguna frase que usabas de pequeño o anécdota que hasta el día de hoy provoque risas en las conversaciones familiares?, ¿cómo esa frase o anécdota crees que pueda haber impactado en tu vida adulta? ¿o quizás como trascendió con las personas que te rodean?.

Voy por mi segunda taza de café…mientras espero tus historias ;)

La Vane…y su café.

Deja un comentario