Aquellos que pertenecen a mi generación saben que no había mayor placer que ir a un parque que tuviese columpios (los llamábamos de forma general para referirnos a cualquier juego metálico que nos pudiera ofrecer una gran aventura): resbaladera, columpio, pasamanos, y el tan esperado sube y baja que, de forma breve, le decíamos “subibaja”. La mayoría de las veces, estos juegos estaban despintados, hechos de metal oxidado y hasta con huecos (cuántos raspones me gané en la resbaladera llena de huecos). Encontrar “columpios” nuevos era realmente un lujo.
Uno de mis juegos preferidos era (o mejor dicho, es) el subibaja. Los encontraba desde los más pequeños (que, a lo mucho, subían hasta 1 metro de alto) no me daban esa sensación de aventura, pero aquellos que podían llegar hasta los 2.5 metros eran entre los mejores.
Recuerdo vagamente algunos juegos con una amiga, divirtiéndonos e inventándonos nuevas formas de jugar y hasta con aventuras inventadas: fui princesa secuestrada, príncipe salvador o hasta el «malo de la película» que secuestraba a la víctima manteniendo a la otra persona en el aire. Siempre acompañada de gritos, risas y también algunos raspones.
¿Y si tomamos esta experiencia del subibaja y hacemos un simil con la vida? ¿que podríamos encontrar?
Veamos:
1.- Cuando encuentras a alguien con quien puedes hacer el equilibrio perfecto, nos podría enseñar sobre la armonía y la cooperación. Cuando todo parece balancearse con precisión, nos damos cuenta de que el apoyo mutuo puede mantenernos en un estado de equilibrio gratificante. Sin embargo, así como en el juego, este equilibrio es efímero y requiere esfuerzo y comunicación constante para sostenerse.
2.- Cuando no encuentras a nadie con quien jugar . Te sientas en un extremo, esperando a que alguien se una a ti en el otro lado, pero el asiento opuesto permanece vacío. Acá lo podemos comparar con esos momentos de soledad o independencia en nuestra vida, donde debemos aprender a impulsarnos por nosotros mismos, encontrando maneras de elevarnos sin depender de otros.
3.- Cuando no encuentras a la persona con quien hacer el equilibrio que te permita jugar. Puede ser por tamaño, estilos o cómo quieres jugar ese momento y no se logra un equilibrio, la experiencia puede sentirse unilateral o incluso estancada. Me atrevería a decir que esto nos enseña la importancia de la adaptación y la búsqueda de puntos medios donde, a pesar de nuestras diferencias, podemos encontrar maneras de balancear nuestras relaciones y situaciones para el beneficio mutuo.
Así como en el subibaja, la vida está llena de altibajos, de momentos de compañerismo y de soledad. Cada experiencia, ya sea compartida o enfrentada en solitario, nos moldea y enseña.
La clave está en aprender a encontrar el equilibrio, a disfrutar el viaje y a valorar a aquellos con quienes compartimos nuestros momentos más altos y bajos. Al final, lo que realmente importa es cómo enfrentamos estos cambios, cómo nos adaptamos y cómo seguimos adelante, siempre listos para el próximo ciclo de subidas y bajadas.
En el juego de la vida, al igual que en el subibaja, cada empuje hacia abajo tiene el potencial de elevarnos aún más alto, siempre que estemos dispuestos a enfrentar el desafío y aprender de cada caída.
¡Cada día me convenzo más de que la vida te regala tantos matices y formas de aprender, que solo debes estar atento y aprender cada día de ella!
¿Vamos por otro café? 😉
La Vane…y su café.