20.- Descubriéndonos

Debo confesar que tengo la suerte de conocer personas realmente increíbles. Son personas que tienen algo especial, un tipo de brillo personal que, a menudo, ni siquiera ellos pueden ver. Pero desde fuera, se nota cómo ese brillo intenta salir, a pesar del miedo que les causa abrirse completamente.

Estas personas llevan una especie de caparazón, una barrera que han construido a su alrededor por diversas razones. Quizás es por miedo al qué dirán, o tal vez es por no sentirse suficientemente buenos. Pero la verdad es que ese brillo está ahí, esperando ser descubierto y compartido con el mundo. Son capaces de motivar e inspirar de formas que nos son conscientes de ver.

¿Podemos ayudarlos a brillar? Definitivamente SI!

El primer paso para ayudarles a reconocer y liberar ese brillo es el apoyo. A veces, todo lo que se necesita es alguien que crea en ellos, que les muestre lo valiosos que son.

Es importante escucharles, animarles a probar cosas nuevas y celebrar sus éxitos, por pequeños que sean.

Me he encontrado con personas que tienen talentos ocultos, y que por alguna situación del pasado simplemente lo bloquean, y sólo necesitan un pequeño empujón para sentir confianza y sacarlo, nuevamente, a la luz.

Luego, hay que motivarles a retarlos de su zona de confort.

Esto no significa presionarles a hacer cosas que les aterran, sino animarlos y hasta ayudarlos a dar pequeños pasos fuera de su caparazón. Cada paso que dan es una victoria y una oportunidad para que su brillo interior se haga más fuerte y visible.

Es clave también que encuentren lo que les apasiona.

Cuando las personas hacen lo que aman, su brillo natural se intensifica. Puede ser cualquier cosa, desde arte hasta ciencia, lo importante es que se sientan conectados con lo que hacen.

Y finalmente, es fundamental que aprendan a ver su propio valor. Esto puede tomar tiempo y requiere paciencia, pero es un paso crítico. Celebrar sus propias victorias, por pequeñas que sean, y aprender a aceptar cumplidos son maneras de empezar a ver el brillo que otros ya ven en ellos.

Sacar a relucir ese brillo no solo les permite a estas personas alcanzar cosas maravillosas, sino que también enriquece a todos los que están a su alrededor.

Ver a alguien superar sus miedos y brillar con luz propia es una de las experiencias más gratificantes que existen.

En resumen, ayudar a alguien a reconocer y mostrar su brillo personal no siempre es fácil, pero el esfuerzo vale la pena. Y cuando finalmente lo logran, no solo ellos se benefician, sino que también inspiran a otros a hacer lo mismo. Es un recordatorio de que, con un poco de apoyo y confianza, todos tenemos la capacidad de superar nuestros miedos y alcanzar cosas extraordinarias.

Lo resalto: «Todos tenemos la capacidad de superar nuestros miedos y alcanzar cosas extraordinarias«

Tomando mi último sorbo de café y lista para encontrar más estrellas en la tierra 😉

La Vane… y su café

19.- La Mariposa que «vola»

¿A quién no le llama la atención ver una mariposa volar?

Con sus bellos y atractivos colores, que revolotean entre las flores de los parques y jardines. Debo confesar que, en mi caso, además de admirar la belleza que tienen, siempre me roban una sonrisa, ya que me remonta a un día específico de cuando era niña.

La edad, imagino, 3 años.

Lugar: vivíamos en una casa en Pueblo Libre, la dirección aún la recuerdo: Triana 452. Hoy ya no existe la casa; son edificios.

Esa casa tenía un jardín delantero no tan pequeño, el cual estaba rodeado de plantas de granada y unas florecitas pequeñas multicolor (que imitaban mini ramilletes de flores) de olor muy peculiar, las cuales formaban parte de ese bien cuidado jardín.

Regresando a ese día en específico, recuerdo estar con mi papá y hasta me atrevería a decir que era domingo, no lo recuerdo ni frío ni caliente, imagino que sería primavera y esperábamos a que mi mamá estuviera lista, mientras nosotros dos la esperábamos en la puerta de la casa.

Cabe agregar que, para ese momento, yo había aprendido una canción en el nido. No recuerdo el título, pero, según lo pronunciaba, la recuerdo algo así:

“Malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole”

(mientras la escribo, la voy cantando … ¡y ahora la tendré en mi cabeza por todo el día, cantándola mentalmente!)

Resumiendo, el contexto: mi papá y yo, parados en la puerta de la casa, junto a ese hermoso jardín esperando a que saliera mamá, de pronto aparece una mariposa… mi papá lo primero que me dice es “cántale” (obviamente, la recién aprendida canción).

Siguiente escena: yo persiguiendo a la mariposa por todo el jardín mientras le seguía cantando :

“Malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole …malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole…malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole…»

Lo hice varias veces… y como es de esperarse, la mariposa seguía volando.

Yo, preocupada, miraba a mi papá y le decía “¡No me hace caso!” y él me daba ánimos a que le siguiera cantando.

Como la mariposa seguía volando, yo cantaba más rápido, siempre con el ánimo de mi papá para seguirla y cantarle esperando, según yo, que la mariposa me mirara y/o se posara en mí. Cabe indicar que sí, la perseguí por todo el jardín, hasta que la mariposa decidió irse volando… espero que no asustada (debo admitir que el canto nunca fue uno de mis dones al nacer).

Creo que decirles qué ocurrió desde ese día, cada vez que veía una mariposa, ¡es más que obvio! 😉

Hoy, cada vez que veo una mariposa, me voy a ese momento, entre divertido y, sobre todo, recuerdo que, entre juegos, siempre estaba (y está) mi papá para acompañarme y darme ánimos en todo momento. ¡te amo papito!

Conectando este recuerdo al hoy

Quiero unir este recuerdo a algo que leí hace poco:

«Las mariposas no pueden ver sus alas, no pueden ver cuán verdaderamente hermosas son, pero todos los demás sí.

Las personas también son así»

En este recuerdo que les comenté, tenemos dos perspectivas: una niña admirando la belleza de una mariposa, rindiéndole homenaje con una canción recién aprendida con la esperanza de lograr algo (en este caso, que la mariposa le hiciera caso), y un padre que enseña y apoya a su hija a continuar con los retos, sabiendo de lo que ella es capaz de hacer. Él reconoce todo el potencial de esa niña y, entre juegos, la anima, ve esa belleza o tenacidad que ella puede tener cuando desea lograr algo.

¿Cuántas veces nos hemos sentido inferiores ante los demás? O hasta incapaces, porque nos comparamos desde distintas perspectivas o experiencias de otros. No somos conscientes de lo hermosos que somos, con nuestra forma de ser, cualidades únicas, dotes y habilidades que no valoramos porque tomamos de referencia a los demás.

Recuerda, cada quien es bello a su modo, cada quien es único, como el arte; cada pieza es única y debe ser admirada por quien realmente la valora. No dejes que nadie ni nada te corte la belleza de tus alas, puedes llegar y brillar hasta donde quieras.

Con el último sorbo a mi taza de café, me encuentro lista para alzar vuelo 😉

La Vane…y su café