19.- La Mariposa que «vola»

¿A quién no le llama la atención ver una mariposa volar?

Con sus bellos y atractivos colores, que revolotean entre las flores de los parques y jardines. Debo confesar que, en mi caso, además de admirar la belleza que tienen, siempre me roban una sonrisa, ya que me remonta a un día específico de cuando era niña.

La edad, imagino, 3 años.

Lugar: vivíamos en una casa en Pueblo Libre, la dirección aún la recuerdo: Triana 452. Hoy ya no existe la casa; son edificios.

Esa casa tenía un jardín delantero no tan pequeño, el cual estaba rodeado de plantas de granada y unas florecitas pequeñas multicolor (que imitaban mini ramilletes de flores) de olor muy peculiar, las cuales formaban parte de ese bien cuidado jardín.

Regresando a ese día en específico, recuerdo estar con mi papá y hasta me atrevería a decir que era domingo, no lo recuerdo ni frío ni caliente, imagino que sería primavera y esperábamos a que mi mamá estuviera lista, mientras nosotros dos la esperábamos en la puerta de la casa.

Cabe agregar que, para ese momento, yo había aprendido una canción en el nido. No recuerdo el título, pero, según lo pronunciaba, la recuerdo algo así:

“Malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole”

(mientras la escribo, la voy cantando … ¡y ahora la tendré en mi cabeza por todo el día, cantándola mentalmente!)

Resumiendo, el contexto: mi papá y yo, parados en la puerta de la casa, junto a ese hermoso jardín esperando a que saliera mamá, de pronto aparece una mariposa… mi papá lo primero que me dice es “cántale” (obviamente, la recién aprendida canción).

Siguiente escena: yo persiguiendo a la mariposa por todo el jardín mientras le seguía cantando :

“Malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole …malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole…malipooosa, que volas, de flo en fló, con tus aalaass multicolooole…»

Lo hice varias veces… y como es de esperarse, la mariposa seguía volando.

Yo, preocupada, miraba a mi papá y le decía “¡No me hace caso!” y él me daba ánimos a que le siguiera cantando.

Como la mariposa seguía volando, yo cantaba más rápido, siempre con el ánimo de mi papá para seguirla y cantarle esperando, según yo, que la mariposa me mirara y/o se posara en mí. Cabe indicar que sí, la perseguí por todo el jardín, hasta que la mariposa decidió irse volando… espero que no asustada (debo admitir que el canto nunca fue uno de mis dones al nacer).

Creo que decirles qué ocurrió desde ese día, cada vez que veía una mariposa, ¡es más que obvio! 😉

Hoy, cada vez que veo una mariposa, me voy a ese momento, entre divertido y, sobre todo, recuerdo que, entre juegos, siempre estaba (y está) mi papá para acompañarme y darme ánimos en todo momento. ¡te amo papito!

Conectando este recuerdo al hoy

Quiero unir este recuerdo a algo que leí hace poco:

«Las mariposas no pueden ver sus alas, no pueden ver cuán verdaderamente hermosas son, pero todos los demás sí.

Las personas también son así»

En este recuerdo que les comenté, tenemos dos perspectivas: una niña admirando la belleza de una mariposa, rindiéndole homenaje con una canción recién aprendida con la esperanza de lograr algo (en este caso, que la mariposa le hiciera caso), y un padre que enseña y apoya a su hija a continuar con los retos, sabiendo de lo que ella es capaz de hacer. Él reconoce todo el potencial de esa niña y, entre juegos, la anima, ve esa belleza o tenacidad que ella puede tener cuando desea lograr algo.

¿Cuántas veces nos hemos sentido inferiores ante los demás? O hasta incapaces, porque nos comparamos desde distintas perspectivas o experiencias de otros. No somos conscientes de lo hermosos que somos, con nuestra forma de ser, cualidades únicas, dotes y habilidades que no valoramos porque tomamos de referencia a los demás.

Recuerda, cada quien es bello a su modo, cada quien es único, como el arte; cada pieza es única y debe ser admirada por quien realmente la valora. No dejes que nadie ni nada te corte la belleza de tus alas, puedes llegar y brillar hasta donde quieras.

Con el último sorbo a mi taza de café, me encuentro lista para alzar vuelo 😉

La Vane…y su café

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