27.- Pensando bonito

Hay algo mágico en la forma en que decidimos ver el mundo. No es casualidad que cuando levantamos la cabeza, respiramos hondo y caminamos con determinación, algo dentro de nosotros cambia. La ciencia lo confirma: nuestra postura afecta nuestra mente, y nuestra mente moldea nuestra realidad.

Debo agradecer por un 2024 que me acercó a personas maravillosas, cada una con un punto de vista y una forma de pensar tan diferente y especial a la vez, que realmente me inspiraron. Desde formas de ver la vida, de cómo alcanzar el equilibrio, de cómo ver el mundo a través de los ojos de otros, hasta trabajar con el objetivo de buscar el bien de los demás. Fue un año mágicamente inspirador: reaprendí a observar, a sentir, a conectarme conmigo misma y con los demás.

Para este 2025 decidí probar nuevas cosas: desde conectarme con lo natural y ancestral hasta aplicar la reprogramación mental a través de hipnosis y explorar los saltos cuánticos, además de retomar muchas de las actividades que eran (y son) parte de mis sueños y mis objetivos de vida. Todo con la intención de «descubrir» o quizás «redescubrir» mi camino.

Practiqué y sigo practicando varias cosas. Cerré el 2024 con un ritual de limpieza y de florecimiento que, además de conectarme con la naturaleza y nuestros ancestros, me unió con mujeres maravillosas, todas buscando respuestas en sus vidas. Cada una llegó con un objetivo distinto, cargadas de experiencias tanto positivas como negativas. Hubo lágrimas de tristeza por los cierres y por lo que hay que dejar ir, pero también muchas risas, cariño y apoyo entre todas. Formamos un círculo mágico de esperanza, y la energía que se sintió en ese momento fue tan especial que solo podíamos confirmar que el ritual había surtido efecto.

¿Les he contado que empecé a meditar? Controlar la mente es tan difícil. Siempre escuchamos sobre su poder, pero no somos realmente conscientes de lo inmensamente fuerte que es. Es como si fuese un ente independiente, y hay que aprender a dominarlo. Controlar pensamientos negativos e intrusivos… ¿Cómo es posible que los pensamientos puedan ser más fuertes que nosotros, si son parte de nosotros? (Sí, es algo enredado, ¿no?). Entender el pensamiento y, sobre todo, aprender a controlarlo, se vuelve un reto y un desafío constante. Para ello, me ayudo de audios y hasta de hipnosis mientras duermo. Es increíble cómo, poco a poco, puedes ir reprogramando tu mente y hasta dominarla cuando sientes que flaqueas.

No está de más mencionar el equilibrio físico: simplemente caminar erguido y mirando siempre hacia adelante, en lugar de hacia abajo, envía señales a tu cerebro sobre cómo te sientes. Y esas señales determinan cómo te acompañará tu energía durante el día… o por más tiempo. Y no olvidar la actividad física, que mágicamente va ordenando tus ideas cuando la practicas (además de los beneficios directos en tu salud).

Ahora, si le sumamos un poco de simbolismo, la historia se pone aún más interesante. Soy Acuario, y estamos en la Era de Acuario. Soy Serpiente, y justo entramos en un ciclo de la Serpiente. ¿Casualidad? Tal vez. ¿Oportunidad? Definitivamente.

¿Y ahora, qué hacemos con todo esto?

Los rituales de limpieza y atracción de lo positivo existen en todas las culturas. Desde las flores frescas que algunos dejan en la entrada de su casa para renovar la energía, hasta el incienso que se quema para purificar el ambiente. Todo parte de la misma premisa: liberar lo que no nos sirve y abrir espacio para lo que sí.

Ver el lado positivo no significa negar lo que duele o ignorar lo difícil. Es más bien un entrenamiento mental, un hábito que cambia la forma en que interpretamos lo que nos pasa.

Pensar en positivo es una especie de reprogramación, y cualquier método que uses tendrá un impacto positivo. ¿Cuáles puedo recomendar? Aquí van algunos:

Siempre cabeza en alto y la mirada al frente

Caminar con la cabeza erguida no solo comunica confianza, sino que también impacta en nuestro estado de ánimo. Un estudio de la Universidad de Auckland encontró que las personas que caminan con la cabeza levantada y los hombros hacia atrás experimentan menos pensamientos negativos que aquellas que van encorvadas.

Reescribe tu historia: tu narrativa es lo que eres y serás

Hay dos maneras de contar una misma historia. ¿Te tocó un desafío difícil? Puedes verlo como un obstáculo o como una oportunidad de aprender. Nuestro cerebro se acostumbra a las palabras que usamos. Así que si repites «esto es una oportunidad», tarde o temprano lo creerás.

Una limpieza simbólica

En muchas culturas, las flores representan la renovación. Un ramo fresco en casa, un baño con pétalos o incluso visualizar flores abriéndose en tu mente pueden ser símbolos poderosos de apertura y crecimiento.

Acción con intención

Pensar positivo es un primer paso, pero movernos en coherencia con ese pensamiento es lo que realmente transforma. No se trata solo de creer que algo bueno viene, sino de actuar en consecuencia: hacer la llamada, tomar el curso, dar el primer paso.

¿Crees en las señales?

Acuario es un signo de aire, innovador, rebelde, un poco visionario. La Serpiente de Madera es flexible, sabia, intuitiva. Ambas energías hablan de adaptación y transformación. Tal vez por eso este año es una invitación a confiar en el proceso, a movernos con fluidez y a ver oportunidades donde antes solo veíamos problemas.

Si la energía de los astros, los signos o las pequeñas señales nos ayudan a recordar que podemos elegir cómo vivir nuestra realidad, entonces ¿por qué no usarlas a nuestro favor? A veces, aparecen de las formas más inesperadas: un picaflor volando en un piso 15, una mariposa que se cruza en plena reunión de trabajo. ¿Para ti serían señales? Para mí, son pequeños mensajes que me recuerdan que siempre hay algo mágico y que debo seguir pensando bonito ;)»

Hoy es un buen día para levantar la cabeza, llenar la casa de flores (o admirarlas en algún jardín) y caminar con intención. Porque el positivismo no solo te hace sentir bien: te abre puertas, te mueve y, en el momento justo, te muestra que la oportunidad siempre estuvo ahí, esperando que la veas.

Y qué mejor forma de comenzar este bonito y positivo día que con mi taza de café llena de buena vibra.

La Vane..y su café.

26.- Rompiendo la taza

En una de las dinámicas del taller de teatro en el que participo, nos dieron el reto de representar una acción –sin palabras– que demostrase algún sentimiento que hayamos vivido, a modo de interiorizarlo y tratar de transmitirlo para que el resto del grupo lo reconociera.

La primera idea que se me vino a la mente fue “tomar una taza de café”, que, como ustedes saben, esa primera taza de café me conecta con emociones especiales y reflexivas.

Pero algo pasó mientras representaba esta acción: “preparé” dos tazas de café, a modo de rutina, y, ante una frenada de reflexión, solo se me ocurrió soltar una de ellas, dejándola caer al vacío y, al mismo tiempo, sintiendo una gran liberación.

A veces, la vida nos pone frente a esos pequeños rituales que, sin darnos cuenta, se convierten en costumbres tan arraigadas que parecen formar parte de quienes somos. Por mucho tiempo, yo preparaba dos tazas de café cada mañana. Era un gesto tan automático que no necesitaba pensarlo. Una taza era para mí, la otra… para alguien más o quizás para algo que ya no estaba ahí.

El día que me di cuenta de que ya no tenía que preparar dos tazas fue como si, de pronto, el mundo se pausara por un segundo y recién viera mi vida. Miré esas dos tazas y sentí el peso de un hábito que ya no tenía sentido. Ese día, rompí la taza. No literalmente, claro. Simplemente decidí que solo iba a preparar una.

Romper la taza es más que un gesto. Es un acto de liberación. Es decirle adiós a algo que ya no encaja en nuestra vida. Es aceptar que algunas cosas cambian y que está bien que así sea. No significa negar el pasado ni olvidar lo que nos trajo hasta aquí. Al contrario, es abrazar nuestra historia, aprender de ella y elegir conscientemente lo que queremos llevar con nosotros a partir de ahora.

Hay algo profundamente sanador en dejar atrás aquello que ya no nos sirve. Romper la taza significa avanzar, aunque dé miedo, aunque duela un poco. Es reconocer que, aunque no podemos controlar todo, sí podemos decidir cómo respondemos a los cambios.

Tal vez para ti, romper la taza no tenga nada que ver con café. Tal vez sea dejar de escuchar esa canción que te hacía llorar. Tal vez sea decir “no” cuando siempre decías “sí”. Tal vez sea salir a caminar por un camino diferente o regalar ese objeto que ya no te llena de alegría.

Romper la taza es un recordatorio de que somos capaces de construir algo nuevo, de tomar decisiones que nos acerquen a quienes queremos ser. Es entender que, al cerrar etapas, nos abrimos a posibilidades que antes no podíamos imaginar.

Así que, si hay algo que sientes que ya no tiene lugar en tu vida, pregúntate: ¿qué pasaría si lo dejas ir? ¿Qué pasaría si rompes la taza?

Tal vez descubras que, al hacerlo, hay espacio para una nueva versión de ti. Una que se sienta más ligera, más libre, más en paz.

Hoy, mi taza de café es solo una. Y sabe mejor que nunca.

La Vane…y su café

25.- El poder de tus manos

¿Has sentido que tus pensamientos se acumulan en tu mente como si fueran un rompecabezas sin resolver?
¿Has sentido que, de pronto, pasas por una serie de situaciones que te hacen sentir en una montaña rusa emocional? Momentos en los que no sabes si hacer más es mejor o simplemente es necesario hacer una pausa. Esos instantes en los que no tienes claro qué hacer para canalizar todo lo que sientes.

Debo admitir que pasé por un momento así. Me paralicé. No encontraba el camino para avanzar y, en mi caso, decidí aislarme. Tenía que ordenar mis pensamientos… pero estos parecían enredarse más, como un nudo mental y emocional que no lograba desatar.

Es en esos momentos cuando sientes, o crees (porque a veces es fácil ahogarse en un vaso de agua), que has tocado fondo emocionalmente y te sientes perdido. En medio de ese enredo mental, busqué formas de salir adelante. Me repetía que tenía que dejar de sobrepensar para encontrar una solución. Fue entonces cuando alguien me dijo algo tan sencillo, pero tan poderoso, que marcó la diferencia:

“Usa tus manos”

Me explicaron que las manos están conectadas con el cerebro y que pueden ayudar a darle orden a nuestros pensamientos. Al principio, lo tomé con incredulidad, pero luego pensé: ¿Qué podía perder?

Recordé la sensación que me daba cada vez que utilizaba las manos para pintar, crear, cocinar… Nunca lo había relacionado directamente con «poner orden» en mi mente. Decidí investigar más y, sobre todo, ponerlo en práctica.

El poder de usar las manos

Hay algo casi mágico en el acto de poner en movimiento las manos:

Escribir: Cuando escribimos a mano, las ideas que parecen caos en nuestra mente se vuelven tangibles. Al plasmarlas en papel, todo empieza a acomodarse por sí solo.

Crear con intención: Actividades como pintar, tejer o esculpir nos sumergen en un estado de enfoque profundo. Incluso cuando no tenemos claro qué estamos haciendo, el movimiento y la repetición ayudan a soltar tensiones.

La simpleza del contacto: Trabajar con arcilla, sembrar plantas o cocinar nos conecta con lo esencial. Estos momentos nos anclan al presente y nos recuerdan la importancia de lo básico.

Las manos tienen la capacidad de transformar lo intangible en algo concreto. Con cada movimiento, no solo creamos algo físico, sino que despejamos la mente y encontramos respuestas donde antes solo había confusión.

Cuando sientas que las ideas no fluyen o que todo se siente abrumador, prueba con algo sencillo: escribe, dibuja, amasa, ensúciate las manos. Porque a veces, lo que necesitas no es pensar más, sino hacer más.

Atrévete a liberar tu mente a través de tus manos

No importa si crees que no eres “bueno” en algo manual o si sientes que no tienes tiempo; lo importante es comenzar. Ese simple acto de mover las manos, de crear, de conectar con el presente, puede ser lo que necesitas para soltar esa maraña de pensamientos que llevas dentro.

A veces, las respuestas no están en pensar más, sino en permitirte sentir y fluir. Porque cuando haces algo con tus manos, estás diciéndole a tu mente que estás listo para soltar el caos y darle forma a la calma.

Entonces, ¿por qué no intentarlo? Toma un lápiz, una hoja, un pincel, un pedazo de masa o simplemente tus propias manos. Déjalas moverse, crear, expresarse. Quizás en ese acto sencillo encuentres lo que tanto buscas: claridad, equilibrio y una versión más libre de ti mismo.

Tomando un sorbo más de café….es momento de poner ¡manos a la obra! 😉

La Vane…y su café.

24.- Reencontrándome: mi camino hacia un nuevo yo

¿Alguna vez has tenido mucho por decir y no sabes por dónde empezar? ¿Alguna vez has tenido miles de ideas para escribir, tratando siempre de ser espontánea y natural, pero de pronto comienzan a mezclarse con teorías, nueva información aprendida y experiencias que te hacen sentir que te sales de lo usual?

Actualmente me encuentro pasando por una experiencia así, impulsada por una serie de cambios personales que estoy viviendo y una serie de sentimientos que invaden mi mente, mi cuerpo y mis emociones, disparándose en miles de direcciones. Es como si el norte hubiese estado escondido en esa hermosa rosa náutica y, de pronto, todo apuntara hacia el camino correcto.

Hoy quiero mantener el estilo con el que inicié este blog; no les prometo conservarlo a lo largo del tiempo (¡espero que no!), porque será una muestra de la evolución personal en la que me encuentro ahora.

Les quiero contar sobre mi experiencia más reciente: las clases de teatro.

La actuación en el teatro siempre ha sido uno de mis sueños de niña, pero, como suele suceder, lo fui postergando por diversos motivos. Uno de los míos —y quizás siempre fue un error— era posponerlo por los demás: siempre había un “por ahora no”: horarios de trabajo, no restarle tiempo (según yo, de calidad) a mi pareja, y miles de pretextos más. Si bien es un curso corto, siento que me va a dar «eso» que busco en esta experiencia.

Esta semana inicié mi primera clase… No pretendo ser la actriz famosa (¿o quién sabe? :P), pero solo deseo disfrutar el camino y, sobre todo, la experiencia que estoy ganando, porque refuerza y es parte de uno de mis objetivos de vida para los que estoy trabajando.

Traigo esta experiencia porque, más allá de lo que significa para mí, va de la mano con lo que viví: personas de distintas edades, distintas experiencias, distintos sueños, contextos y objetivos (casi como la vida misma 😉 ).

Al inicio de la clase, todos éramos unos completos desconocidos: nos mirábamos tímidamente y sonreíamos… Algunos se conocían entre sí, otros eran muy introvertidos; incluso parecía que pensaban “no soy para esto”: miraban al suelo, no hacían contacto visual y me atrevería a decir que se sentían inseguros, no por su experiencia actoral, sino por lo que estaban pasando emocionalmente en ese momento.

Hasta que llega ese momento, entre incómodo y liberador, que es el “preséntate”. Se hizo de la forma tradicional: solo éramos un grupo de personas, de distintas edades y experiencias de vida, contando quiénes somos y qué hacemos ahí. De un momento a otro, se volvió un confesionario: personas jóvenes que aún no encontraban su camino profesional, otros que lo tenían más claro, algunos con el sueño de tener la actuación como modo de vida y otros que estaban ahí porque sus padres los llevaron.

Pero lo que más me llamó la atención y me gustó es que este desconocimiento entre unos y otros fue cambiando. Se compartieron experiencias de vida y, de un momento a otro, ya no había brechas ni generacionales ni de experiencia: solo éramos personas con ganas de aprender, sin etiquetas, sin edades, ni clases sociales ni especialidades.

Y, como bien dijo nuestro profesor, esa es la magia del teatro: solo eres el papel que te toque representar en un momento y tienes la habilidad de ser quien quieras ser… pero antes de eso, solo eres tú.

Si quieres representar a un niño, no tienes que serlo para que salga bien; si quieres ser una mujer, no tienes que disfrazarte de ella… puedes tener la imagen de un hombre y representar el papel de una mujer. Me pareció revelador (sé que suena evidente, pero tendrían que haber vivido la experiencia para entenderlo).

Todo esto también lo relaciono con algo que sucedió hace unos meses, cuando tuve la oportunidad de ver una obra de teatro en la que todo cobró sentido al final. Había un personaje muy peculiar que, en todo momento, aparentaba ser un hombre quizás engreído… y resultó que, al final, ¡era un perro de raza bulldog! En el instante de esa revelación por parte de la obra, regresé mentalmente a todo lo que este actor había representado durante la hora y media y, sí, realmente había sido un bulldog todo el tiempo: la forma en que se movía, cómo hablaba… Puede sonar muy simple, pero tendrían que haberlo visto. Ojalá algún día pueda ser yo ese bulldog y tener esa habilidad tan mágica de serlo sin decirlo.

Regresando a la clase, durante las prácticas me tocó una dinámica con una compañera y terminé recibiendo sus consejos y empatía. Lo mismo me ocurrió a mí: me tocó aconsejar a otra persona que pasaba por una situación que yo ya había vivido antes.

En esa clase pasaron muchas cosas más que no deseo contar todavía, entre revelaciones y descubrimientos personales, pero sí les diré que, una vez terminada, el nivel de confianza creció: éramos todos iguales, apoyándonos sin competencia ni etiquetas, solo nosotros… siendo nosotros y jugando, por momentos, a ser alguien más, pero siempre conscientes de que nuestra esencia no cambia.

Eso es algo que debemos mantener: puedo transformarme, crecer y aprender… pero Vane… siempre será #LaVane.

Un último sorbo a mi café y estoy lista para el libreto de hoy…

La Vane…y su café.

23.- El recetario de mamá

En mi familia, la comida va mucho más allá de ser solo “alimentos”. Representa preocupación, dedicación, amor y, sobre todo, pensar en los demás. Es demostrar cariño en cada cosa que se prepara, involucra disfrutar, celebrar y, a veces, simplemente dar un poco de uno mismo en cada platillo.

Preparándonos para esta última Navidad en casa, mi mamá hizo su tradicional tarta de origen europeo, esa que año tras año se ha convertido en la favorita de muchos. Encontró la receta hace tiempo y, aunque se la pidan, la guarda celosamente. Parece mentira, pero es como si esa receta hubiese aparecido solo para ella: por más que busques, no encuentras ninguna igual. Se ha convertido en una verdadera exclusividad, y quienes la han probado saben que solo la disfrutarán en esa fecha tan festiva.

Sin embargo, esa tarta no es más que una muestra de la dedicación que mi mamá pone en cada creación. Detrás de este platillo tan codiciado, hay algo aún más especial: sus recetarios, que no son los clásicos “Nicolini” que muchos hemos usado.

Mi mamá ha llenado más de veinte cuadernos, entre agendas y antiguos libros de contabilidad, todos escritos a mano. Cada uno está muy bien organizado, con índice y secciones para postres, entradas, etcétera. Ella sabe perfectamente en qué “año” (recuerden que son agendas) está cada receta y anota con detalle cualquier mejora o variación que crea necesaria. ¡Hasta ahora, nunca se ha equivocado!

De estos recetarios conservo infinidad de recuerdos.

Por ejemplo, verla devorar artículos de cocina en revistas y periódicos que encontraba en cualquier sitio; cada uno era una fuente importante de ideas. Cuando algo le gustaba mucho, le pedía la receta a la anfitriona, la anotaba en cualquier papelito y, al llegar a casa, la pasaba cuidadosamente a su recetario, según el tipo de comida.

También la recuerdo recostada en la cama boca abajo para escribir, como si fuera una adolescente redactando una carta de amor. Y por supuesto, la veo cuidando cada uno de esos cuadernos: han pasado muchos años, incluso décadas, pero aún se conservan en excelente estado.

Hoy de adulta (y desde niña) me encanta hojear esos recetarios. Más allá de las recetas, se siente el amor y la dedicación que mi mamá vuelca en cada una. Verla en la cocina es un verdadero deleite: disfruta tanto cada paso que siempre se preocupa de que quienes nos sentamos a su mesa estemos a gusto.

Recuerdo perfectamente el proceso de elegir la receta, planificar el menú con su lista de compras muy ordenada y, por supuesto, preparar cada platillo con alegría y amor, aunque fuera algo sencillo (y hasta hoy lo sigue aplicando).

También tengo muy presentes las tardes en que hacíamos su riquísima torta: recetario en mano, íbamos sacando los ingredientes uno a uno, batiendo y mezclando todo en el orden perfecto, hasta que la cocina se inundaba de un delicioso aroma a vainilla.

Hoy, con una taza de café, sostengo uno de esos recetarios buscando alguna receta que merezca ser preparada por mí. Y si algo no me sale como espero, sé que mi mamá siempre estará ahí para rescatarme.

Mami, ¿preparamos una tortita? 😉

¡Te amo, mamá!

La Vane…y su café. 😉