28.- ¿A quién eliges?

Siempre he creído que estar para los demás es una de las cosas más bonitas que uno puede hacer. Lo he visto en mis padres y crecí siempre muy orgullosa de ellos por eso: siempre dispuestos a ayudar a los demás. Escuchar, acompañar, dar una mano cuando alguien la necesita. No porque esperemos algo a cambio, sino porque nos nace, porque así somos.

Pero un día me di cuenta de que en la ecuación me había olvidado de alguien: yo.

No sé en qué momento pasó, pero ahí estaba. Mi agenda llena de compromisos con otros, mis planes siempre esperando «el momento adecuado», mis sueños pospuestos porque había algo «más urgente». Hasta que un día me pregunté: ¿Cuándo me tocaba a mí?

Porque qué curioso es esto de la vida: nos enseñan que dar es maravilloso (y lo es), pero pocas veces nos recuerdan que también es válido darnos a nosotros mismos. Que no es egoísmo decir «hoy no puedo», «hoy necesito tiempo para mí», «hoy decido por mí». Que elegirnos no es una traición a nadie, es un acto de amor propio.

El problema es que la costumbre pesa. Cuando siempre has sido la que está para todos, la que resuelve, la que escucha, la que acomoda su tiempo y sus planes, la que se preocupa… cuando un día decides decir «no», el mundo se sorprende. Algunos lo entenderán, otros quizá se incomoden, pero la verdadera pregunta no es qué pensarán los demás, sino qué piensas tú.

Porque, dime, ¿cuántas veces te has quedado en silencio porque no querías incomodar? ¿Cuántas veces has dicho “sí” cuando en realidad querías decir “no”? ¿Cuántas veces has sentido que das, das y das, pero cuando tú necesitas, la respuesta es el eco de tu propia voz?

Y ojo, esto no se trata de reproches ni de pasar facturas. No se trata de que ahora midamos con una balanza lo que hemos dado y lo que hemos recibido. Se trata de darnos cuenta de que no podemos pasarnos la vida esperando que los demás nos den lo que solo nosotros podemos darnos.

Yo no quiero dejar de ser generosa y es más, mi enfoque de vida lo estoy llevando a eso: a seguir ayudando a los demás, pero también quiero ser generosa conmigo. Si he pasado años apoyando sueños ajenos, tal vez ya es momento de darle un empujón a los míos. Si he estado disponible para todos, tal vez ya es momento de estar disponible para mí. No porque quiera alejarme, sino porque necesito acercarme.

Porque si nosotros no nos elegimos, ¿quién lo hará?

Así que hoy me elijo. Me elijo sin culpa, sin explicaciones, sin miedo a decepcionar. Me elijo porque también merezco estar en mi lista de prioridades. Porque no se puede dar con las manos vacías, y quiero que lo que ofrezca al mundo sea desde la plenitud, no desde la fatiga.

Y tú, ¿Cuándo fue la última vez que te elegiste?

Hoy elijo tomarme un café pausada, sin prisa, con tiempo sólo para mí…

La Vane…y su café

Deja un comentario