29.- Cuestión de actitud

  • “Haz de cada día una aventura que valga la pena recordar.”
  • “La vida no se mide en tiempo, sino en momentos que te dejan sin aliento.”
  • “La vida es un viaje, disfruta cada paso del camino.”
  • “No cuentes los días, haz que los días cuenten.”
  • “La felicidad está en el camino, no en el destino.”

Diariamente nos rodean frases motivacionales que, aunque bienintencionadas, a menudo suenan repetitivas. Confieso que, en algún momento, las veía con escepticismo, incluso fastidio. ¿En qué mundo viven estas personas? me preguntaba. Pero, en el fondo, siempre he sido esa persona positiva que anima a otros, la porrista de la vida. Y aunque he vivido momentos oscuros, con caídas y dudas, mi naturaleza siempre me empuja a encontrar luz.

Esta reflexión nació de algo que observé en el gimnasio, durante mi clase favorita: la zumba. Para mí, la zumba es más que ejercicio: es una fiesta sin etiquetas, con ropa cómoda, sin maquillaje y pura libertad. Me gusta colocarme frente al espejo, no por vanidad, sino porque me permite perfeccionar mis movimientos y observar el ambiente. Allí es donde noto los matices: las emociones, las actitudes, el lenguaje silencioso de quienes comparten la clase.

Ese día, vi a dos alumnas nuevas, enfrentando el desafío de su primera clase:

La primera se ubicó detrás de mí. Desde el principio, su incomodidad era evidente. No lograba coordinar los pasos, y la frustración se reflejaba en su rostro tenso. Su cuerpo se movía sin energía, sin alegría, y su presencia chocaba con la vibra de la clase. Finalmente, se retiró antes de terminar, visiblemente molesta.

La segunda mujer, en cambio, estaba al fondo. Tampoco podía seguir la coreografía, pero su actitud era diferente: ¡se reía de sí misma! Cada error era motivo de carcajadas, y su torpeza parecía una excusa para divertirse más. No importaba que sus pasos no fueran perfectos; lo importante era que ella se entregaba a la experiencia. Su sonrisa genuina era una celebración de su valentía, y permaneció hasta el final, bailando con el alma.

Estas dos mujeres me hicieron pensar en la vida misma. Una misma situación, dos actitudes, dos resultados completamente distintos. Me di cuenta de que no es la habilidad, sino la perspectiva, la que define nuestra experiencia. En la vida, como en la zumba, no se trata de ejecutar cada paso a la perfección, sino de atreverse a sentir, a equivocarse y a seguir bailando.

¿Cuántas veces nos hemos rendido, ante la incomodidad de lo desconocido? ¿Y cuántas veces hemos permitido que la risa, nos conecte con el verdadero propósito: disfrutar del proceso?

La vida no premia a quien no comete errores, sino a quien persiste a pesar de ellos. La verdadera maestría no está en saber todos los pasos, sino en atreverse a danzarlos, incluso cuando no se tiene el ritmo. Las caídas y los tropiezos son inevitables, pero nuestra actitud es una elección.

Así que, la próxima vez que la vida te saque a la pista de baile, pregúntate: ¿quieres ser quien se rinde o quien se ríe y sigue bailando? Porque, al final, no se trata de ser perfecta… se trata de sentir la música.

Y tú, ¿Cómo decides bailar la vida?

Terminando el último sorbo de café, estoy lista para mi clase de zumba 😉

La Vane…y su café.

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