31.- Hablemos de sexo

En este proceso de exploración, conocimiento y autoconocimiento que vengo recorriendo desde hace un tiempo, era inevitable llegar a este punto: el autoconocimiento físico. Así que hace poco participé en un taller en el que te enseñaban a reconectar con tu sensualidad natural y feminidad para, desde ahí, vincularte con tu sexualidad.

Creo que todas las que asistimos fuimos atraídas por una publicidad divertida, curiosa y, sobre todo, con un nombre llamativo. Nos aventuramos a descubrir qué aprendizajes nos podía dejar este taller. Y claro, como muchas, pensé que sería simplemente un taller de baile divertido, algo para «vacilarte» un día de semana.

Mi primera sorpresa al llegar: un mix de edades (y pensar que creí que sería una de las mayores… ¡error!), una gran variedad de personalidades y estilos de mujeres. Algunas que, a simple vista, parecían tímidas; otras que, si las veías por la calle, jamás imaginarías que asistirían a un taller con este enfoque.

Todas estábamos sentadas en el suelo. Algunas, incómodas y tímidas; otras, más en confianza. Detrás de mí había una encantadora mujer, mayor que yo, que me dijo: «Yo me quedo atrás tuyo, no quiero estar muy adelante para que no se me vea de frente». Y otras, más seguras, ocupaban la primera fila, con una actitud llamativa que captaba la atención de todas.

El taller inició con una representación de baile, muy sensual y acrobático, que nos fue integrando de a pocos. Entre bromas y risas, empezamos a entrar en confianza.

Imagino que quieren saber más detalles sobre el taller y si logré el objetivo, ¿no? Eso lo dejaré para otro día. Hoy quiero darle otro enfoque, porque esta experiencia me conectó con otra vivencia previa.

A finales del año pasado, participé en un ritual espiritual con un grupo de mujeres. Se trataba de reconectar con la naturaleza. Y ahora, en este taller, nos estábamos conectando con nuestra sensualidad. ¿Lo más curioso? Que, de alguna forma, ambos manejaban conceptos y prácticas muy similares: conectar con nosotras mismas, con nuestra esencia, con nuestra fuerza, con nuestro poder de crear. Nos llevaban a reconocer nuestra naturaleza creadora y exploradora. No vinimos al mundo para quedarnos con los brazos cruzados: nacimos para crear. Más allá de la posibilidad de tener hijos o no, nuestra esencia es creadora en todos los sentidos.

Creo que hay muchos clichés sobre las relaciones entre mujeres. Que entre nosotras podemos ser las mejores amigas y, a la vez, las peores enemigas. Pero yo creo que es el entorno el que nos ha hecho creer eso. En estos espacios, tuve la oportunidad de compartir con mujeres bellísimas, desconocidas entre sí, con historias y experiencias distintas, pero con un mismo propósito: encontrarnos. Intentando romper esas etiquetas que nos han limitado por tanto tiempo, que nos hicieron dudar de quiénes somos.

Desde cómo te ríes, cómo comes, cómo vistes, que foto «te autorizan» a publicar en redes sociales, cómo te relacionas con los demás. Si eres muy buena, te dicen que los demás «se aprovechan»; si eres cercana, te critican porque «no tienes carácter»; si intentas algo nuevo, te dicen que «no eres capaz».

Hace unos años leí «Mujeres que corren con los lobos», de Clarissa Pinkola Estés. En él se explica cómo el contexto y la sociedad han intentado limitarnos, haciéndonos creer que debemos encajar en moldes que no nos pertenecen. Y, sin embargo, independientemente del rol que elijamos en la sociedad, cada una de nosotras tiene su propia fuerza y esencia en la vida.

«Ser nosotros mismos hace que nos excomulguen del Reino, no serlo hace que nos excomulguemos de nuestra propia existencia. La voz de la naturaleza instintiva nos susurra con frecuencia: ‘Este es el camino. Ve por aquí’. Y si seguimos ese camino, nos encontramos con el yo salvaje y libre. Pero si no lo seguimos, la vida se vuelve diminuta y marchita”. (del libro Mujeres que corren con los lobos»)

Hoy sé que no se trata solo de bailar, ni de un ritual, ni de un taller. Se trata de volver a nosotras. De elegirnos. De ser libres.

Y si hay algo que me quedó claro en este camino es que ninguna está sola en esta búsqueda. Nos encontramos en el reflejo de la otra, en una mirada cómplice, en una risa compartida. Porque todas, en algún momento, hemos querido recordar quiénes somos.

Un sorbo más a mi taza de café, y a seguir encontrándome a mí misma! 😉

La Vane…y su café 😉

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