Hola, Vane del pasado. Ojalá esta carta llegue a ti y la leas con el tradicional café en mano a las 5.30 am, lo cual ahora se ha convertido en parte de nosotras. No hay día en que no comencemos sin un café… ¡me enseñaste a llevar la cafetera en cada viaje que hacíamos para asegurarnos de tener ese café matutino que hace que el inicio de cada día sea mágico! Incluso nos llamaron raras por eso, ¡qué divertido!
Estamos en el año 2023; no sé en qué día y año estarás cuando decidas leer esta carta. Sin embargo, quiero contarte cómo estamos hoy.
Hoy, ya no vale la pena seguir cuestionándonos si todas las decisiones que tomamos son las correctas. Simplemente las tomamos en el momento en que creíamos que eran lo mejor, y como les ocurre a todos, no siempre las cosas salen como queremos. Es en este momento cuando nos encontramos en el proceso de reescribir nuestra historia.
Creo que más allá de si nuestras decisiones fueron acertadas, es importante saber cómo continuaremos nuestro camino en esta historia de vida y cómo la cerraremos cuando llegue el momento.
Para lograrlo, debemos cerrar poco a poco ciertos capítulos, los cuales iremos abordando con cada carta que te envíe (¡léelas siempre con tu café matutino, si no, no cuentan! 😉).
Cerrar capítulos, como parte de lo que llamamos «nuestro proceso de duelo», siempre ha sido lo más difícil. Solíamos huir de los procesos de duelo y esconderlos en lo más profundo de nosotras. Inconscientemente, esto nos detenía y nos impedía avanzar.
Hoy, lo enfrentamos poco a poco. Aunque aún nos resulta difícil, estamos progresando. Hacemos el duelo, y al día siguiente, los sentimientos vuelven a resurgir. Sí, seguimos siendo tan tercas y testarudas como siempre (al menos eso no ha cambiado).
No es sencillo cerrar de golpe las decisiones que nos brindaron momentos de felicidad e ilusión, y que se convirtieron en parte de lo que somos hoy. Es por eso por lo que nos aferramos a ellas, a pesar de haberlas despedido «definitivamente». Pero ha llegado el momento de empezar a dejarlas ir, a tu ritmo y en tu tiempo, siempre y cuando estés lista.
Comencemos…
El primer capítulo para cerrar: «Arrocito»
¿Ya conociste a «Arrocito»? Si no es así, esta es una alerta de spoiler, ya que se convertirá en el capítulo más importante de tu vida. A la vez, será aquel que nunca comprenderás del todo. Será aquel que te hará buscar respuestas incluso en diferentes religiones y te llevará a tocar las puertas de innumerables iglesias en busca de explicaciones. Pero no… no encontrarás explicaciones. En todas esas religiones e iglesias, la respuesta será siempre la misma: «tenía que suceder así».
«Arrocito», como cariñosamente lo llamábamos debido al tamaño que debía tener cuando lo conocimos, se quedó apenas un breve momento con nosotras. Llegó a ser tan pequeño como un frijolito. En nuestras conversaciones imaginarias con él, incluso reclamaba que ya era más grande que un grano de arroz y que merecía ser promovido a «frijolito» (¡ya estaba desarrollando nuestro carácter!).
Tenía gustos curiosos: le encantaba el jugo de melón helado y desarrolló un capricho por la cebolla cruda y cualquier alimento con limón en exceso. ¡Ah! Y un día, de alguna manera, decidió que quería una chocoteja con relleno de fresa. Aunque no estoy segura si existe, en sueños nos lo pedía. ¡Ya estaba demostrando ser tan caprichoso como nosotras! (Luego lo distraíamos con un chocolate con cerezas, parece que le gustó y lo empezó a pedir a menudo).
Como mencioné antes, solo se quedó con nosotras por un corto período de tiempo. No pudimos abrazarlo en persona, pero la felicidad e ilusión que nos brindó nos marcó profundamente.
Vane, te encontrarás con amigos que, con la mejor intención, tratarán de acercarte a sus hijos. Te dirán que cargues a sus bebés creyendo que de alguna manera ayudarán a aliviar tu dolor. Cometieron un gran error; no se daban cuenta de que cada vez que lo hacían, abrían una herida que tardó mucho en sanar. Pero hoy, agradezco sus esfuerzos por intentar aliviar un dolor que cada uno enfrenta y supera a su manera.
También te dirán que sus hijos son como tus hijos. No, nunca es así ni lo será. Sean empáticos, y es mejor que pregunten, incluso si pudiera parecer incómodo. No queremos que nos digan eso. Puedo amar a tus hijos, pero NUNCA serán mi «Arrocito». Por lo tanto, no serán mis hijos.
Te encontrarás con personas que te dirán cosas como «pero les pasa a todas», «es más común de lo que piensas», «pero solo estuvo contigo tres meses, eso no es nada». Frases de ese tipo que “intentan” aliviar el dolor, especialmente si provienen de personas a las que amas. Sin embargo, hoy, agradezco su intención y perdono el que no hayan simplemente callado. Entiendo que lo hacían para ayudar a sobrellevar el mal momento, sin comprender el dolor que causaban.
Hoy manejamos la situación de manera diferente. Nos resulta entretenido cuando nos preguntan: «¿Por qué no tienes hijos?». Antes nos avergonzábamos, bajábamos la cabeza y tratábamos de dar una justificación que creíamos sería como un placebo para nuestros sentimientos. Pero solo lograba que estas personas ofrecieran «soluciones» sin que se las pidieran. ¡Incluso una vez alguien insinuó que no habíamos intentado lo suficiente ni buscado otras soluciones, que “nos habíamos quedado”! Con todo respeto, le digo: ¡es mi vida, es mi decisión! Aprecio tu interés, pero no lo acepto.
Hoy es diferente, respondemos simplemente con un «no puedo tener hijos y no quiero tenerlos». Y eso es todo, cambiamos de tema. Ojalá esta carta te llegue a tiempo para que aprendas a manejarlo desde el principio y cada vez que te lancen una «solución», no sientas esas espinas en el corazón que solo atormentan y causan dolor.
«Arrocito» ya se ha despedido de nosotras. Vino en sueños, nos abrazó tan fuerte que despertamos en posición de abrazo. Lo sentimos, te lo juro, ¡fue real! Era su manera de decirnos que tenía que seguir adelante, continuar su camino y traer felicidad a otra mamá. Nos acompañó en nuestros pensamientos durante muchos años, y ahora es momento de dejarlo partir. Si aún no has tenido ese abrazo, te aseguro que será lo mejor que la vida te pueda brindar.
¡Sé feliz “Arrocito” mío, algún día nos daremos ese abrazo nuevamente!
Hoy formalizo esta etapa de duelo y te dejo partir.
Bebiendo el último sorbo de café y con la luz natural entrando por la ventana, es hora de cerrar esta carta.
La Vane…y su café
vanessa@lavaneysucafe.com
Nota: «Arrocito» fue un embarazo que no llegó a término, resultado de tratamientos de fertilización a los que nos sometimos con muchos intentos. Estos tratamientos pueden traer la buena noticia y completar un sueño, pero también pueden maltratar física y emocionalmente más de lo que puedas imaginar. Después de «Arrocito», intentamos muchas veces más, siempre recibiendo respuestas negativas. Finalmente, llegó un momento en el que priorizamos nuestra salud física y emocional para seguir adelante.
Agradezco a todos aquellas personas que estuvieron ahí, con palabras o el silencio necesario y hasta acompañaron en este proceso, gracias por estar ahí y demostarnos todo su amor.
#lavaneysucafe