4.- Carta N°1 a mi «Yo del Pasado»

Hola, Vane del pasado. Ojalá esta carta llegue a ti y la leas con el tradicional café en mano a las 5.30 am, lo cual ahora se ha convertido en parte de nosotras. No hay día en que no comencemos sin un café… ¡me enseñaste a llevar la cafetera en cada viaje que hacíamos para asegurarnos de tener ese café matutino que hace que el inicio de cada día sea mágico! Incluso nos llamaron raras por eso, ¡qué divertido!

Estamos en el año 2023; no sé en qué día y año estarás cuando decidas leer esta carta. Sin embargo, quiero contarte cómo estamos hoy.

Hoy, ya no vale la pena seguir cuestionándonos si todas las decisiones que tomamos son las correctas. Simplemente las tomamos en el momento en que creíamos que eran lo mejor, y como les ocurre a todos, no siempre las cosas salen como queremos. Es en este momento cuando nos encontramos en el proceso de reescribir nuestra historia.

Creo que más allá de si nuestras decisiones fueron acertadas, es importante saber cómo continuaremos nuestro camino en esta historia de vida y cómo la cerraremos cuando llegue el momento.

Para lograrlo, debemos cerrar poco a poco ciertos capítulos, los cuales iremos abordando con cada carta que te envíe (¡léelas siempre con tu café matutino, si no, no cuentan! 😉).

Cerrar capítulos, como parte de lo que llamamos «nuestro proceso de duelo», siempre ha sido lo más difícil. Solíamos huir de los procesos de duelo y esconderlos en lo más profundo de nosotras. Inconscientemente, esto nos detenía y nos impedía avanzar.

Hoy, lo enfrentamos poco a poco. Aunque aún nos resulta difícil, estamos progresando. Hacemos el duelo, y al día siguiente, los sentimientos vuelven a resurgir. Sí, seguimos siendo tan tercas y testarudas como siempre (al menos eso no ha cambiado).

No es sencillo cerrar de golpe las decisiones que nos brindaron momentos de felicidad e ilusión, y que se convirtieron en parte de lo que somos hoy. Es por eso por lo que nos aferramos a ellas, a pesar de haberlas despedido «definitivamente». Pero ha llegado el momento de empezar a dejarlas ir, a tu ritmo y en tu tiempo, siempre y cuando estés lista.

Comencemos…

El primer capítulo para cerrar: «Arrocito»

¿Ya conociste a «Arrocito»? Si no es así, esta es una alerta de spoiler, ya que se convertirá en el capítulo más importante de tu vida. A la vez, será aquel que nunca comprenderás del todo. Será aquel que te hará buscar respuestas incluso en diferentes religiones y te llevará a tocar las puertas de innumerables iglesias en busca de explicaciones. Pero no… no encontrarás explicaciones. En todas esas religiones e iglesias, la respuesta será siempre la misma: «tenía que suceder así».

«Arrocito», como cariñosamente lo llamábamos debido al tamaño que debía tener cuando lo conocimos, se quedó apenas un breve momento con nosotras. Llegó a ser tan pequeño como un frijolito. En nuestras conversaciones imaginarias con él, incluso reclamaba que ya era más grande que un grano de arroz y que merecía ser promovido a «frijolito» (¡ya estaba desarrollando nuestro carácter!).

Tenía gustos curiosos: le encantaba el jugo de melón helado y desarrolló un capricho por la cebolla cruda y cualquier alimento con limón en exceso. ¡Ah! Y un día, de alguna manera, decidió que quería una chocoteja con relleno de fresa. Aunque no estoy segura si existe, en sueños nos lo pedía. ¡Ya estaba demostrando ser tan caprichoso como nosotras! (Luego lo distraíamos con un chocolate con cerezas, parece que le gustó y lo empezó a pedir a menudo).

Como mencioné antes, solo se quedó con nosotras por un corto período de tiempo. No pudimos abrazarlo en persona, pero la felicidad e ilusión que nos brindó nos marcó profundamente.

Vane, te encontrarás con amigos que, con la mejor intención, tratarán de acercarte a sus hijos. Te dirán que cargues a sus bebés creyendo que de alguna manera ayudarán a aliviar tu dolor. Cometieron un gran error; no se daban cuenta de que cada vez que lo hacían, abrían una herida que tardó mucho en sanar. Pero hoy, agradezco sus esfuerzos por intentar aliviar un dolor que cada uno enfrenta y supera a su manera.

También te dirán que sus hijos son como tus hijos. No, nunca es así ni lo será. Sean empáticos, y es mejor que pregunten, incluso si pudiera parecer incómodo. No queremos que nos digan eso. Puedo amar a tus hijos, pero NUNCA serán mi «Arrocito». Por lo tanto, no serán mis hijos.

Te encontrarás con personas que te dirán cosas como «pero les pasa a todas», «es más común de lo que piensas», «pero solo estuvo contigo tres meses, eso no es nada». Frases de ese tipo que “intentan” aliviar el dolor, especialmente si provienen de personas a las que amas. Sin embargo, hoy, agradezco su intención y perdono el que no hayan simplemente callado. Entiendo que lo hacían para ayudar a sobrellevar el mal momento, sin comprender el dolor que causaban.

Hoy manejamos la situación de manera diferente. Nos resulta entretenido cuando nos preguntan: «¿Por qué no tienes hijos?». Antes nos avergonzábamos, bajábamos la cabeza y tratábamos de dar una justificación que creíamos sería como un placebo para nuestros sentimientos. Pero solo lograba que estas personas ofrecieran «soluciones» sin que se las pidieran. ¡Incluso una vez alguien insinuó que no habíamos intentado lo suficiente ni buscado otras soluciones, que “nos habíamos quedado”! Con todo respeto, le digo: ¡es mi vida, es mi decisión! Aprecio tu interés, pero no lo acepto.

Hoy es diferente, respondemos simplemente con un «no puedo tener hijos y no quiero tenerlos». Y eso es todo, cambiamos de tema. Ojalá esta carta te llegue a tiempo para que aprendas a manejarlo desde el principio y cada vez que te lancen una «solución», no sientas esas espinas en el corazón que solo atormentan y causan dolor.

«Arrocito» ya se ha despedido de nosotras. Vino en sueños, nos abrazó tan fuerte que despertamos en posición de abrazo. Lo sentimos, te lo juro, ¡fue real! Era su manera de decirnos que tenía que seguir adelante, continuar su camino y traer felicidad a otra mamá. Nos acompañó en nuestros pensamientos durante muchos años, y ahora es momento de dejarlo partir. Si aún no has tenido ese abrazo, te aseguro que será lo mejor que la vida te pueda brindar.

¡Sé feliz “Arrocito” mío, algún día nos daremos ese abrazo nuevamente!

Hoy formalizo esta etapa de duelo y te dejo partir.

Bebiendo el último sorbo de café y con la luz natural entrando por la ventana, es hora de cerrar esta carta.

La Vane…y su café

vanessa@lavaneysucafe.com

Nota: «Arrocito» fue un embarazo que no llegó a término, resultado de tratamientos de fertilización a los que nos sometimos con muchos intentos. Estos tratamientos pueden traer la buena noticia y completar un sueño, pero también pueden maltratar física y emocionalmente más de lo que puedas imaginar. Después de «Arrocito», intentamos muchas veces más, siempre recibiendo respuestas negativas. Finalmente, llegó un momento en el que priorizamos nuestra salud física y emocional para seguir adelante.

Agradezco a todos aquellas personas que estuvieron ahí, con palabras o el silencio necesario y hasta acompañaron en este proceso, gracias por estar ahí y demostarnos todo su amor.

#lavaneysucafe

3.- Un café con sabor a nostalgia

Hoy es uno de esos días en los que las palabras juegan como niños a las escondidas; se resisten a ser encontradas para dar inicio a la publicación de hoy… ¡Vengan ya, tenemos que empezar!

He escuchado muchas veces hablar del «bloqueo del escritor», que es como cuando tienes un día en el que simplemente no puedes pensar en qué decir o cómo continuar escribiendo. Es como si tu creatividad decidiera tomar un descanso sin previo aviso.

A veces tienes muchas ideas en la cabeza dando vueltas, mezcladas con una serie de emociones, pero cuando te sientas frente a la pantalla, simplemente… no fluyen. Es como si las palabras se escondieran y te dejaran buscando el punto de partida perfecto.

A veces ocurre porque sientes miedo de mostrarte vulnerable, de mostrar tus sentimientos y emociones tal cual son. Sientes miedo de que conozcan tus puntos débiles y de dejar de lado esa imagen de fortaleza o tranquilidad que siempre llevas contigo.

Esta es precisamente la sensación que me prometí a mí misma que no permitiría que me frenara al escribir, ya que fue la primera regla que me establecí al comenzar este blog.

Es por eso que hoy decido compartir mis sentimientos con ustedes y me dispongo a exponer una serie de cartas mentales que he estado escribiendo durante mucho tiempo; cartas que me hacen regresar a algún momento del pasado y «decirme» cosas que me hubiera gustado hacer, escuchar o saber cómo iban a terminar.

Esta vez, lo hago para empezar a cerrar los capítulos del pasado y así dar inicio —o retomar— las primeras líneas de mi nuevo libro de vida en el futuro.

¿Y tú, tienes cartas para tu yo del pasado? Te invito a escribirlas y, si lo deseas, también a compartirlas. Este es un espacio seguro, yo invito el café 😉

Los invito a leer “Carta N°1 a mi yo del pasado”. Espero que la disfruten, va muy bien para cerrar esta semana.

La Vane…y su café

2.- Carta n°1 a mi yo del futuro

Escribo esto un 15 de agosto, un mes después de haber iniciado un maravilloso curso que nos reconectó con lo que espero haces hoy: escribir.

No sé cuántos años han pasado desde que escribí esta carta hasta que hoy la estás leyendo, solo deseo que al leerla me respondas y me digas: “Vane, lo logramos”.

Siempre nos dio vergüenza el qué dirán, siempre tratando de encajar en lo político y socialmente correcto, lo que impedía dar ese primer paso: mostrarte tal como eres y, sobre todo, decir lo que piensas.

Yo del futuro, espero que al leer estas líneas sean las 5.30 am, tengas una taza de café en tus manos y continúes con ese ritual diario que nos llena de energía: café recién hecho, mirando por la ventana, sintiendo el aire helado en el rostro y siendo testigo de cómo se intersecan la luz y la oscuridad para dar inicio a un nuevo día; pero que esta vez sea acompañado de un lapicero, Tablet, computadora o lo que se utilice en ese momento y que hayas agregado a este ritual escribir esas 3 hojas diarias que hacen parte de ti.

Espero que ya no tengas miedo, espero que seas libre y que con estas palabras que transcribes seas capaz de llevar tu voz y simplemente sigas siendo tú.

Debo confesarte que tomar la iniciativa no fue nada fácil: te sentías perdida, desconectada, no eras tú…, pero aparece esa vocecita que te reta y te lleva a tu límite.

¿Esa vocecita sigue ahí, a tu lado?, no lo sé, sólo que hoy me cuestiona, me hace reflexionar y pensar. Este 2023 nos hizo frenar en seco y querer retomar todas aquellas cosas que eran parte de muchos sueños, todo relacionado al arte: escribir, pintar, bailar (aún no bailamos del modo o frecuencia que quisiera, pero espero que cuando lo leas ya lo estés haciendo) y de pronto hasta actuar (¿recuerdas que también soñábamos con ser actriz de teatro?, conversaremos de este sueño en una próxima carta 😉).

¿Te preguntas por qué en este año aún no bailo? pues de alguna manera sí lo hacemos: ¿recuerdas a nuestra perrita Sabba? ¿Aún está contigo? pues los muchos paseos nocturnos y audífonos con música de estilo pop latino a todo volumen nos hacían bailar solas en la calle, ¡¿lo recuerdas?! ¡Cuánta gente nos vio y sólo reía! ¡Pero ojo! nadie se atrevió a bailar… solo tú y eso empezó a hacer la diferencia, empezaste a atreverte y ese fue el primer paso.

Vane, no dejes de bailar, no dejes de escribir, no dejes de pintar, una vez lo hiciste y te apagaste, te perdiste… pero regresaste a tiempo, prométeme que esta vez nunca te volverás a perder.

Siempre contigo, tu yo del pasado.

La Vane…y su café

@lavaneysucafe

vanessa@lavaneysucafe.com

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